Dejé vencer mi alma, y por fin viviré en paz... En este Dulce Rincón, con esta Pena Vencida. Adiós La Dulce Pena. Adiós El Rincón de Los Vencidos. Todo tiene un principio, un fin y un motivo por el que existir: Este Rincón ya encontró el suyo, ahora es hora de delegar en La Piel de Una Promesa.
La Piel de Una Promesa
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Cuando Todo Parece Perdido

29 agosto 2008

8 Vencidos

-Bueno, Moisés cuida mucho de tu madre que no me habías dicho que eran tan guapa.
-Mamá, mamá… Este señor me ha dado esto por cuidar de su caballo, y esto, para que tú te lo guardes. –Dijo el niño mientras enseñaba, las quince, y las quinientas pesetas.
-¿Pero Moisés no te tengo dicho que no aceptes nada de extraños, y si te hubiese hecho algo? –Dijo la madre dirigiéndose al niño, y le luego, miró a Moisés, y le dijo–. Muchas gracias, pero, no podemos aceptarlo, es mucho dinero y a usted le hará falta.
-No se preocupe… Guárdeselo, a mi no me hace falta, y si me hiciera, sé cuidar de mí mismo, siempre será más fácil que yo encuentre un trabajo antes que usted, además, debe cuidar de su hijo, para que llegue a ser alguien de provecho.
-Gracias de verdad, si hay algo que pueda hacer por usted o su familia no dude en decírmelo… –Dijo, la madre de Moisés agradeciéndoselo–. Me llamo Raquel, estaré aquí una temporada por si quiere algo.
-De acuerdo, muchas gracias, ahora, he de ir al hostal antes que oscurezca y no lo encuentre.

De esta forma Moisés, se fue de aquel lugar hacia el hostal. Todo era demasiado confuso, aquel niño se llamaba cómo él, la madre, era Raquel, la voz de aquella mujer le resultaba conocida, al chico se le había muerto el padre… todo parecía encajar, menos una cosa, la más importante. Ninguno de los tres había podido reconocerse. Lo más seguro es que sólo sean casualidades, pero, en su corazón, había algo que le decía que era ella, que era él. Esas dos personas habían formado parte de su vida. Cuando los ojos de esa mujer le habían mirado, se habían iluminado, habían resplandecido, emocionados.

Quizás, a partir de ahora, no pueda hacerle caso a mis sueños, ahora, más que nunca estarán guiados por lo que ha pasado esta tarde. Tendré que olvidarme por completo de mi pasado, y comenzar una nueva vida renunciando a todo lo que, quizás, un día amé. A todo aquello que me hizo crecer, y motivó mis ilusiones y mis sueños. A partir de esta noche, para bien o para mal, todo cambiará. Mañana al despertar, buscaré un empleo, e intentaré vivir en el hostal ahorrando algo de dinero, hasta que pueda vivir en otro lugar.

Todos aquellos pensamientos recorrían la mente de Moisés, y sin quererlo, o al menos, sin darse cuenta, llegó al hostal. Pero, al llegar, allí estaba Raquel, y el pequeño Moisés, ¿qué hacéis aquí? Le preguntó más cómo queja, que cómo sorpresa. Raquel le respondió que aquel hostal no era lugar para que durmiera el padre de su hijo, que no era lugar, para que durmiera su marido. No era lugar para él. Tras aquellas palabras, y con lágrimas en los ojos, bajo los ojos atónitos de los dos Moisés, Raquel, se abalanzó sobre el cuello del mayor, y le dijo, que él era quién creía ser.

-Sí, cariño, soy yo. Y eres tú. Te he estado buscando tanto tiempo, este mes ha sido muy duro, has cambiado mucho, al verte no he podido reconocerte, pero, ahora sé que no hay duda, el corazón de una mujer no se equivoca. Eres Tú, tú eres mi amor…
-¿Entonces…? Es cierto, al final he encontrado mi pasado, ese pasado que tanto me ha costado buscar. Ese pequeñín es mi hijo… y tú, el amor de mi vida. Perdonadme por favor, no he sabido reconoceros, pero, había perdido la memoria. Y ni siquiera sabía quién era… Mi único vínculo con vosotros han sido algunos sueños, en los que me creía loco, al ver imágenes del pasado…
-¿Qué importa el pasado?, ¿Qué importan los recuerdos? Lo que importa es que has vuelto, y por fin volveremos a estar juntos…

Mientras decía aquellas palabras Raquel besaba a Moisés, y el pequeño Moisés lloraba de emoción, su padre, no estaba muerto, y su madre volvía a sonreír… Aún quedaban muchas cosas por contar, aún quedaba mucho por recordar, o mejor aún, muchos recuerdos por crear… Pero, al menos, ahora volvían a estar los tres…



Cuándo todo está perdido, cuándo no sabemos por dónde ir,
Surge un nuevo rayo de esperanza que nos ilumina el camino a seguir.

¿Todo Está en Su Lugar?

15 agosto 2008

5 Vencidos

Antes de marchar de allí, le preguntó al camarero si en aquel lugar había algún hostal dónde poder alojarse por un tiempo indeterminado, pues, según le dijo, no era un turista, sino un inmigrante, en busca de una nueva vida mejor para él y los suyos, necesitaba un trabajo, y quería buscarlo allí, por eso necesitaba dormir. El camarero, le explicó que sí, y le dijo, que no era muy común que por allí vinieran inmigrantes a buscar trabajo, pero, que si tenía suerte algo encontraría. Moisés sólo puedo sonreír con una sonrisa ladeada, y con una pena en su corazón.

Esa pena de saber, que ya jamás volvería a encontrar a su amor, de saberse perdido para siempre, de crear una nueva vida a base de mentiras, y recuerdos no vividos. Salió de la posada, y le pagó lo que le prometió a los chicos, pensando que, quizás, en su vida pasada él también tuviera un hijo de esa edad, con lágrimas en los ojos, le dio unas cuantas pesetas más a cada uno, diciéndole que se lo dieran a sus padres, y se portaran muy bien con ellos.

Uno de aquellos niños empezó a llorar, entre sollozos el chico intentaba explicarle que su padre había muerto unas semanas atrás, y su madre, se estaba gastando sus pocos ahorros recorriendo pueblos mientras buscaba un trabajo. Aquel niño pequeño y su madre desvalida le llegaron al corazón, por eso, se metió la mano en el bolsillo, sacó un billete de 500 pesetas, y le dijo al chico que los guardara muy bien, y cuando viera a su madre que se los diera, si le preguntaba, que le dijera que lo había ganado cuidando a un caballo.

El pobre niño con toda su inocencia aceptó el dinero, a pesar de que la madre le había dicho que no hablara con extraños, pero, por alguna razón, se sentía bien al lado de aquel hombre. Mientras ellos dos disfrutaban de la escueta compañía del otro, el grande del pequeño y el pequeño del grande, vino la madre del otro chico y se lo llevó, cuando este le dijo a la madre que aquel señor le había dado 15 pesetas, la madre dijo que se las devolviese, Moisés que escuchó la conversación, le dijo a la madre de aquel niño que se las había dado él, porque había cuidado de su caballo. Y que no tenía importancia, la madre, quizás por la escasez de dinero en aquello época, o por su propia codicia le dijo gracias a Moisés, y se fue con las quince pesetas y su hijo.

Cuando Moisés quedó sólo con el niño, le preguntó cómo se llamaba, y este, le dijo que Moisés cómo su padre, entonces, él sonrió y le dijo que también era Moisés. Según le dijo el pequeño, aún quedaba un poco para que llegase su madre, pues, en aquellos días estaba trabajando en el campo, pero, no pensaba quedarse mucho tiempo allí. Para armonizar la espera, Moisés, subió al pequeño Moisés al caballo, y sujetando las riendas le dio unas cuantas vueltas por aquella calle. Pensando en cómo estaría su posible hijo, su mujer de sueños, cómo y dónde estaría su familia.

-Moisés, Moisés… Vida mía, cuánto te he echado de menos.
Esas fueron las palabras que oyó a sus espaldas. Sí, era la voz de Raquel de eso no había duda, era ella, la había encontrado… Pero, la voz del niño le arrebató de aquel sueño, este llamaba a su madre, diciéndole lo divertido que era aquel caballo tan grande, y lo bien que se había portado aquel señor con él, y su amigo. Cuando Moisés se dio la vuelta, no pudo reconocer a la mujer que tenía enfrente.

Un Lugar en el que Vivir

05 agosto 2008

10 Vencidos

Al llegar a la aldea, se bajo del caballo, y con su mano derecha cogió las riendas de este para guiarlo por allí, la gente que pasaba a su alrededor, parecía no inmutarse con su presencia. Algo le decía en su corazón, que, allí no encontraría su pasado. Esta aldea, era, previsiblemente, más grande que la que dejó tiempo atrás en la cima de la montaña. Podría considerarse como un pueblo pequeño incluso, pues según pudo ver, había muchas casas, más de las que imaginaba, y allí en los alrededores había un bar.

Seguía andando y nadie parecía reconocerlo, era como si fuese invisible ante los ojos de los demás. Desesperado, se acercó a un hombre, que podría tener su edad, quizás ese lo conocería, pero, el hombre no hizo mueca alguna cuando se cruzó con él. Cabizbajo, Moisés siguió andando hacia la posada, se volvió a cruzar con otro joven, esta vez, éste parecía menor que él, pero no le importó. Dijo, como gritando al viento:

-Pedro, ¡cuánto tiempo sin vernos!, ¿qué ha sido de tu vida?
Pensó, que así, quizás alguien lo reconociera, pero, nada, aquel chico, sólo le dijo, que no se llamaba Pedro, y que a él no le conocía de nada. Moisés, sólo pudo decirle, casi con lágrimas en los ojos, que lo sentía y se habría confundido. Siguió su camino, cada vez más dispuesto a ir a la posada a, tomarse algún trago, para ahogar sus penas, y ahogar su pasado.

Le surgió otro problema, no podía dejar sólo al caballo allí en la calle, o este se escaparía. Y tampoco encontraba ningún lugar lo suficientemente apropiado como para amarrarlo. Por suerte, vio a unos niños correr por allí, los llamó, y estos, se acercaron algo asustados, era normal, pues él era un desconocido para ellos, y para él mismo. Moisés les ofreció 10 pesetas a cada uno si cuidaban del caballo mientras él estaba en el bar, los niños, aceptaron de buena gana aquel trabajo, ganarían 10 pesetas por no hacer nada. Entonces, él les dio las riendas, y entró en la posada.

No había mucha gente, era normal, aún no había anochecido del todo, y la gente, estaría trabajando aprovechando los pocos momentos de luz que aún le quedasen. Allí, se acercó a la barra, miró a ambos lados, y no pudo reconocer a nadie, como tampoco nadie le reconoció a él, o al menos, no le dijo nada. Instantes después se le acercó el camarero, y le dijo que qué era lo que quería tomar. Él, un poco desconcertado, acertó a pedir una copa de vino del terreno. El camarero le ofreció un vino bastante dulce, con un color intermedio entre marrón y anaranjado. Moisés disfrutó bastante con ese vino, y volvió a pedir otra copa.

Antes de empezar a tomarla, le preguntó al camarero, qué clase de vino era ese tan sabroso, y, tan dulce. Este, le respondió, que por supuesto era un vino malagueño, un vino de Olías. El vino, según le explicó era cosechado en las montañas que rodeaban el lugar, entonces, estaba en Olías, estaba en Málaga. En realidad aquello no le significaba demasiado, pero, ya al menos, sabía todo lo que le rodeaba, estaba en Málaga en el año 1923, con poco más de 800 pesetas en el bolsillo, pues tenía que pagarle a los niños, y las dos copas de vino.

Por suerte para él, el camarero, le trajo un poco de queso, sin preguntarle nada, sólo le dijo, que cómo era un turista, lo probara, que invitaba la casa. Él aceptó de buen gusto, aunque con un poco de tristeza, le había llamado turista, eso quería decir que no le reconocía. No sabía quién era. Se tomó aquel queso de cabra, y le dio las quince pesetas que el camarero le pidió, pensó, que Carlos le había engañado con el caballo, y el alquiler de aquella pequeña casa, pero, de todas formas el dinero no era suyo, y no le importaba.

Dudas y Preguntas

21 julio 2008

3 Vencidos



Al salir del almacén, subió para ver a Carlos, y coger el caballo antes de que se hiciese más tarde, necesitaba partir, necesitaba saber de una vez por todas quién era. Al llegar a la casa, Carlos, le ofreció un desayuno, que él rechazó, tenía demasiada prisa, y tras unas breves indicaciones, subió al caballo y emprendió el viaje para intentar reencontrarse con su pasado. Cómo otras veces antes, le resultaba extraño su habilidad para montar a caballo, quizás, alguien lo enseñó tiempo atrás.

A lomos de aquel corcel, los árboles parecían volar, a veces sentía vértigo por la velocidad, y la pendiente descendente levemente marcada, pero, no tenía tiempo que perder, si se retrasaba demasiado, tendría que volver a dormir en el bosque, y el caballo podría huir. Aceleraba más el paso de forma progresiva, sentía cómo el caballo era parte de él, agachado, apoyado en él, sintió su corazón, su respirar, le notaba cansado, le dio pena, y tuvo que bajar el ritmo, quizás no le daría tiempo a llegar a la aldea en ese día, pero, el corcel era viejo, y no podía mantener ese ritmo.

Quizás sea mejor que hagamos un poco de camino a pie, así descansará el caballo. –Pensó y eso fue lo que hizo, fueron andando un poco. Al tiempo, Moisés empezó a sentir algo de hambre, y se sentó en el tronco de algún árbol de aquel bosque, su caballo, se quedó tumbado mientras comía algo de hierba.

Si nunca encuentro mi pasado tampoco será algo tan malo, siempre puedo volver a crear nuevos recuerdos, nuevas ilusiones. Algo nuevo, otro amor, otra vida… o una vida. No sé si realmente puedo confiar en mis sueños, ¿y si cuando llegue a la aldea no me conoce nadie? Entonces… ¿tendré que empezar de cero? ¿Seguir buscando sin saber qué busco? Mentir, robar, sobrevivir… si en la aldea no me espera mi antigua vida, no sé qué haré… Todo esto carece de sentido. Quizás sea mejor que acabe con todo de una vez… ¿qué importa quién soy, si lo único que sé es que no soy nadie? Esta será la última oportunidad que me dé para buscar mi pasado, si esta vez no lo encuentro, todo acabará.

Aquellas reflexiones atormentaban la mente de Moisés, cada vez estaba más confuso con su vida, necesitaba respuestas a tantas preguntas. Volvió a montar al caballo, tras ese descanso se le notaba más fuerte, y si todo iba bien, podría llegar a la aldea pronto. Al poco de continuar la marcha, no muy lejos de allí, pudo distinguir un pequeño camino, estaba seguro que ese camino le llevaría a la aldea. Se dirigió hacía allí, y continuó su camino.

A los pocos minutos, o eso creyó, de ir por allí, empezó a distinguir algunos tejados, después casas, luego, personas, voces… al fin había llegado, y no era tan tarde como pensaba; ahora sólo quedaba buscar su pasado.

Un Sueño, Casi, Revelador

28 junio 2008

5 Vencidos

El agricultor acostó al niño, y le dijo que rezara sus oraciones, tras eso, le dijo que se durmiera que tardaría cinco minutos. Y que estuviera tranquilo, no tardaría. Yo estaba sentado en el salón y podía oírlo todo, no pude evitar sonreír un poco, y a la vez, llorar, ¿tendría yo también un hijo? ¿Sería feliz él a mi lado? ¿Y tendré esposa? Quizás no, no tengo anillos en las manos, o quizás, me lo robaran…

-Moisés, prepárate que vamos al almacén, ya verás que es muy cómodo, tengo un pequeño colchón y un somier sostenido en unos cuantos ladrillos, no se arrepentirá. Y mañana cuando despierte, venga a mi casa, y le daré el caballo para que pueda llegar a la aldea, ¿sabe montar caballos? –le preguntó Carlos–. Sino sabe, siempre podría darle una clase rápida mañana por la mañana.
-No, no gracias, se lo agradezco mucho. Hace tiempo que no monto a caballo, pero, sí sé montar, gracias, no se preocupe. Y allí abajo, en el almacén, hay alguna forma de saber qué hora es.

Moisés, tras su mentira, o verdad, no lo sabía, intentó cambiar de tema, Carlos le dijo que no, simplemente sabría cuando salía el sol cuando entrara por alguno de los muchos huecos de la ventana, llegaron allí, y se despidieron, Carlos le dejó una llave, y él se quedó con otra. Era extraño, pero todas las personas que se cruzaban con él, no tenían miedo, y confiaban en él, quizás demasiado. Tras aquello se quedó solo, y sin saber qué habría pasado con la mujer de Carlos, ya que este no le dijo nada, y él no se atrevió a preguntar. Encendió la luz, y vio un calendario, al fin podría saber la fecha en la que estaban, al fin tendría más datos de esa realidad que estaba viviendo, según el calendario era septiembre de 1923.

-1923… tampoco me dice mucho este año, aún así sigo sin saber mi edad, sigo sin saber que pasará en la aldea a al que voy, ¿y si nadie me conoce?, ¿y si nadie puede darme pistas sobre mi pasado?, ¿quién soy?, ¿de dónde vengo?, ¿a dónde voy?... Tantas preguntas y tan pocas respuestas. No sé nada, no he podido recordar nada, sólo un par de sueños difusos, un nombre, Raquel, y algunas hipótesis que yo mismo he concluido… Quiero encontrar respuestas a todas las preguntas, quiero saber quién es Raquel… Mi Amor… ¿qué harán?, ¿me estarán buscando?, ¿estarán siguiendo mis pasos?, o ¿será ella la que me ha hecho esto?

Todas aquellas dudas atormentaban la mente de Moisés, se quedó dormido, de nuevo, los sueños le jugaron una mala pasada, esta vez, en ellos sólo escuchaba voces, no veía ninguna cara, pero, esa voz, era la voz de Raquel, era la voz de su amor, su corazón, se lo decía, el lo sentía, necesitaba creerlo:
-“¿Dónde estás? Te echo mucho de menos, hace ya un mes que no estás con nosotros, ¿Qué ha sido de ti? La gente, mis padres dicen que habrás muerto, pero, yo no quiero creerlo… No puedo creerlo, sé que estás en algún lado. Te siento en mi pecho… ¿pero dónde estás? Yo siempre te esperaré en… …”

De nuevo, como tantas otras veces la luz del día le había jugado una mala pasado y le había despertado del letargo, ahora, no sabía nada de dónde buscar a Raquel, pero, al menos, tenía la esperanza de que el sueño fuese realidad; pero en su interior aún persistía la duda de creer que sólo era su imaginación, el deseo de que todo fuese así realmente… posiblemente nunca lo sabría. Se levantó de aquella pseudo cama, y abrió la puerta del almacén, sabía que cualquier intento por volver a soñar era inútil, y que sólo haría viciar aún más, si cabía, sus sueños. Era una mañana de septiembre preciosa, podía ser el día en que todo cambiara, todo dependería de la suerte que tuviera con el caballo, y de cuándo llegaría a la aldea…

Un Poco de Suerte

15 junio 2008

5 Vencidos

Se acerca más, puede ver su rostro… y entonces sintió una leve voz. Se asustó, y se revolvió no había nadie allí, pero la voz, le volvió a llamar parecía una voz de niño… Señor, señor, tenga cuidado con el río, mi papá dice que es muy peligroso. Se tranquilizó al reconocer que era un niño pequeño, y pudo ver que estaba al otro lado del río. No te preocupes chaval… le respondió antes de preguntarle por el padre…
-Está trabajando en el huerto que está detrás de la casa…
-¿Puedes decirle que venga un momento? Por favor.

-Sí, voy corriendo. –El niño pequeño desapareció tras la colina, a los pocos momentos apareció el padre, un hombre alto, moreno, y con la piel oscura, sin duda de estar todos los días al sol. –Me ha dicho mi hijo que me has llamado. ¿Qué quieres? ¿Ha pasado algo en la aldea con el anciano? ¿O con la loca?
Joder, qué le digo, si este hombre es familiar del anciano… ¿pero quién será la loca?
-Eh… no sé, no vengo de allí, ¿Qué anciano y que loca?
-Nada, un anciano que vive solo sin familia… El pobre está muy mayor, y cualquier día morirá allí solo. Y una chica, de unos veintipocos años, o quizás treinta años, que cada vez que va un visitante por aquella aldea se inventa una historia, e intenta secuestrarlo para estar con ella, según me han dicho algunos viajeros que han pasado por aquí hacia el sur, hacia la aldea, les hace el amor, y luego, les deja encerrados sin poder salir. Algunos, para salir, le pegaban, otros, simplemente, lloraban, y esperaban el momento de descuido para salir de allí.
-No… no sé nada… -mintió- sólo soy un viajero que quiere ir al sur, ¿me puede decir cómo llegar?
-Ahh… si es sólo eso, vaya un poco más abajo que hay un puente para cruzar la sequia, y luego, venga a verme a mi casa, le explicaré el camino, sin tener que dar voces aquí en el monte. No se preocupe.

El joven, hizo lo que el hombre le explicó, en su cabeza sólo estaba el remordimiento de la muerte del anciano, y la noche que había pasado con la loca de la aldea… Daba gracias a Dios por poder salir de aquella casa antes de que le hubiera secuestrado, a partir de ahora, debería tener más cuidado con quién contarle lo poco que sabía de su pasado. Cuando llegó al lado de aquel hombre, vio que tenía un pequeño huerto, y al lado de la casa, un establo con un par de caballos. Sí me dejara un caballo podría llegar antes a la aldea, pero, no creo que quiera dejarle un caballo a un desconocido… quizás si le doy algo de dinero me deje pasar la noche, y saber más sobre todo esto…

-Mire, la aldea está un poco lejos para ir a pie. Y, tendrá que dormir en la intemperie… Si quiere, algo más al sur, como a treinta minutos, tengo un pequeño almacén dónde guardo algunos materiales, y los caballos. Por un módico precio, puede pasar la noche, ya ha sido usado por algunos aldeanos, y visitantes, como medio de refugio de la noche. Así si mañana madruga, y quizás, si quiere un caballo, y tiene dinero, podrá llevarse un caballo, entiendo que no quiera, o que no tenga dinero, pero, es lo más que puedo ofrecerle. Como ve soy un agricultor, y he de hacer estos negocios para poder medio sobrevivir y cuidar a mi hijo.
-Bueno, ¿cuánto me pediría por las dos cosas? –Le preguntó el joven interesado, por una vez, parecía que la suerte estaba a su favor.
-Pues, en total te lo dejaría por 2000 pesetas.

El joven, se buscó en los bolsillos, tenía algunas pesetas más de las que le pidió aquel hombre, aceptó y le propuso, darle 100 pesetas más, si le dejaba algo de ropa y ducharse. Al final, cerraron el trato, con las 2100 pesetas, y aún le quedaban 900 para otros gastos. El agricultor le preguntó su nombre, y este improvisó, Moisés. El agricultor, le dijo llamarse Carlos, aquella noche cenó en casa del agricultor, con él y su hijo, su mujer no apareció, y ninguno la nombró. Cuando se duchó llegó la hora de ir a aquel almacén a dormir.

De Nuevo Al Bosque

25 mayo 2008

7 Vencidos



¿Qué he hecho? ¿Por qué? ¿Por qué yo? –Esas eran las únicas palabras que recorrían la mente del joven cuando abrió los ojos, se giró, y la miró a ella, allí estaba dormida aún, con el torso desnudo, pensó que sería el mejor momento para huir de aquella casa, de todas aquellas pesadillas, de aquel, sin estar muy seguro de que lo fuera, error. Quizás nunca encontraría su pasado, pero no podía crear un futuro sin antes buscar sus recuerdos.

Se vistió lo más rápido que pudo, y ella, seguía durmiendo. Recorrió la casa en busca de las llaves, y, de paso algo de dinero, y comida. Pensó que si el pueblo más cercano estaba a un par de días de camino, necesitaría coger algo de ropa, y buscó por la casa, consiguió unos pantalones vaqueros que podían estarle bien, una camiseta, una muda y unos calcetines, no era mucho; incluso podría no servirle, pero era lo mejor que tenía.

Cuando ya lo tenía todo, abrió la puerta, y volvió al bosque. Los vecinos podrían verle, pero, le daba igual, sólo quería huir de allí, y no volver por el pueblo en toda su vida. Así, que sin importarle nada, fue al bosque a, si aún estaba, recoger el macuto, por suerte aún estaba allí, tal y como lo dejó, guardó todo lo que había cogido en la casa de Aurora. Se quedó de pie pensativo, y se cargó el macuto en la espalda. Miró hacia el sol, y calculó dónde quedaba el sur, empezó a andar despacio, era de día, no debía tener miedo, podría encontrar el sur siempre que mirara al sol, no como en la noche que no tenía ningún punto de referencia.

Iba con un paso relativamente tranquilo, pero, escuchó unas voces que provenían de la aldea, o eso quiso pensar, y empezó a aligerar el paso, a correr desbocado como un lobo siguiendo su presa, corrió y corrió, sólo quería huir de allí, quería creer que encontraría su pasado lejos de aquella aldea, no podía quedarse allí, necesitaba encontrar a Raquel; además, si se quedaba allí tarde o temprano descubrirían lo del anciano, y él sería el principal culpable. Mientras corría y pensaba en esto, una de las veces en que giró su mirada para comprobar si aún se veía la aldea, que por suerte para él, ya no lo hacía, tropezó con una piedra, y rodó varios metros por el suelo.

Se había lastimado la muñeca izquierda, o eso quiso pensar, porque le dolía mucho, necesitaba inmovilizarse la mano, pero no sabía con qué, entonces cogió el cuchillo del macuto, se rasgó el pantalón que llevaba puesto, y hizo una venda bastante aceptable, con otro trozo del pantalón hizo una pequeña soga para apretarse la venda lo suficientemente fuerte como para que no se le cayera, e impedir los movimientos de la muñeca. Se sorprendió bastante de su habilidad en ese momento tan difícil, quizás en su pasado hubiera sido un hombre de campo, o tendría alguna relación con él.

Aprovechando esa situación, estaba algo dolorido por la caída y cansado por la carrera, quiso comer algo de pan, y alguna lata en conserva, apoyado en el tronco de un árbol, empezó a comer un poco de pan, con aquella lata, que tenía un sabor un tanto peculiar, y no sabía ni siquiera lo que era, porque el anciano la tenía sin etiquetar. Tras aquella lata de conserva tan repugnante, quiso empezar otra por si tenía mayor suerte. Y aunque le quedaban 5 latas más no lo hizo no sabía cuánto tenían que durarles, así que guardó el pequeño trozo de pan que le había sobrado, ya algo duro, echó el cuchillo y cerró el macuto.

Ya algo reposado y tranquilo, siguió andando hacia el sur, estaba lo suficientemente lejos de la aldea como para que no lo encontraran, si hubieran querido ya lo habrían hecho, por eso, fue andando, y no corriendo como antes de caerse. A lo lejos escucha el sonido de un riachuelo, o quizás un arroyo, se extraña porque el anciano no le dijo nada de que tenía que un arroyo para llegar al pueblo, pero, a la vez se alegra, podrá beber agua, y si el caudal es lo suficientemente grande, podrá darse una ducha y refrescarse. Aligera el paso, y en una pequeña veda ve que es un río, y lleva, quizás, demasiada agua para cruzarlo. Se acerca con un poco de miedo al agua, no recuerda haber visto antes unas aguas tan cristalinas en un río. Se acerca más, puede ver su rostro… y entonces…

Una Noche de Pasión

24 abril 2008

5 Vencidos



De repente, una luz le despertó. Pensó que ya podía haber amanecido, y se entristeció, aún no había podido soñar, aún no había soñado con su pasado, y necesitaba hacerlo... Pensando todo aquello, abrió los ojos, y pudo ver que la luz no era la del amanecer, sino, la de la bombilla del techo. Y, en la puerta, había una silueta, que no podía distinguir, por culpa de la ceguera momentánea que le causó la luz. Poco a poco aquella silueta se iba haciendo más nítida...

Sí, era ella, era Aurora, ¿pero que hacía en mitad de la noche en su cuarto? ¿Si ella dormía como un tronco, cómo era posible que se hubiese despertado? ¿Qué estaba esperando apoyada en el quicio de la puerta? ¿Durmió aquella noche, o sólo lo aparentó? ¿Qué hacía con aquel camisón tan sugerente y provocativo?
-¿Qué ha pasado? ¿Qué haces aquí? -Acertó a preguntar...

-Vento a hacerte olvidar de una vez por todas a esa chica, esa "Raquel" que me dijiste en el bosque... tú serás mío. Voy a hacerte el amor toda la noche, cuando acabemos, no tendrás ganas de recordar tu pasado, sólo querrás estar a mi lado... Serás mío... -Dijo Aurora, con una mirada de fuego ardiente... Se quitó aquel camisón, echó su pelo azabache, hacia atrás, y se quedó desnuda, sus pechos eran apetecibles, grandes, sin caer... y su sexo, todo lo que podía soñar...

En aquel momento, tenia muy pocas opciones, o eso quiso pensar, no podía escapar de aquella casa pues ella había cerrado la puerta antes de acostarse, no podía escapar, pues sería un problema aún mayor explicarle a los vecinos qué es lo que hacía a esas horas de la noche, con la chica desnuda, y sin recordar su pasado. Tragó saliva, y se quitó la camiseta, en el fondo le apetecía hacer al amor con ella, no sabía cuánto tiempo llevaría sin hacerlo, no sabía que relación tenía con la chica de sus sueños, y ahora, no le importaba, era su oportunidad...

Ella seguía acercándose con paso firme, el ya se había despojado de toda su ropa... En el fondo tenía miedo, ella lo notó, y le susurró al oido que no temiera, que no le iba a hacer nada que no quisiera, nada que no le gustase... Le dió un suave beso en los labios, después otro más apasionado, y otro, y otro... Él se atrevió a abrazarla por la espalda, ella le pedía más... deslizó su mano hasta el culo de ella; ella, puso las suyas en el pecho de él... Estaban disfrutando.

Ella, le cogió sus manos, y las puso sobre sus senos... "Disfrútalos, son todos para tí", fue lo que le dijo, él, en un arrebato de pasión, apretó las manos, se sentía en su máximo explendor... Volvió a besarla, todas las dudas sobre su pasado habían desaparecido... ahora sólo existían él y ella... sólo eran animales en celo... puro celo. Mientras él disfrutaba con los pechos, esos pechos perfectos, de ella, esta aprovechaba para juguetar con el miembro de él... Descansa un poco, quiero hacerte sexo oral... tú sólo relájate... luego, te haré una con los pechos, y finalmente te daré el sexo que te prometí...

Cuando, empezaron a hacer el amor, él ya había tenido varios orgasmos, y pudo sospechar que ella también... Pero, no les importó, hicieron el amor, como si los dos fuesen expertos... aquella noche de pasión fue total... Ninguno de los dos podía recordar cuántos orgasmos tuvo aquella noche... fue tanta la pasión desbordada, que llegó el amanecer, sin darse cuenta... Pero, estaban tan cansados que se quedaron dormidos juntos... toda la mañana.

Pero de repente...

Sin Entender

01 abril 2008

6 Vencidos

Antiguos links: I, II, III y IV



Aurora... bonito nombre, com oel amanecer -pensó, mientras ella, le preparaba un vaso de leche caliente. Al igual que hizo la noche anterior, con sus mirada, recorrió el salón de un desconocido. Pero antes de poder acabar de contemplarlo, llegó ella con el vaso-.

--Toma, ten cuidado, no vayas a quemarte. Creo que está demasiado caliente -le dijo ella- ¿Quieres unas galletas también?
--No, gracias, así está bien... -dió un sorbo de leche, y le comentó que no estaban tan caliente, y se la acabó. Acto seguido, volvió a darle las gracias por el vaso de leche, y le preguntó- Dime, ¿por qué has decidido abrirme la puerta de tu casa? ¿No tienes miedo? ¿No temes que mi historia fuese mentira? -ojalá, recodarara de verdad quién soy, pensó-.
--Sí, en realidad, sí tengo algo de miedo... Pero, creo que tengo más miedo si me quedo aquí sola, con ese anciano, ahí enfrente; según dicen algunos vecinos, está hasta loco... Además, te lo dije en el bosque, tu mirada, me inspira confianza... Quiero creer que no pasará nada, ¿no? Quiero confiar en ti.
--Eso quiero creer yo también, eso quiero creer...

--Aurora, como te comenté, no sé nada de mi pasado. Pero, quiero perdirte un favor, si esta noche me escuchas hablar, o quizás, incluso gritar. No me tengas miedo, ni me despiertes. Pues, creo, que en esos sueños dónde voy recordand un poco de mi pasado, tan poco, que no sé que será realmente. No sé si será mi pasado, o una simple alucinación. Pero, quiero creer que es mi pasado.
--Tranquilo -le dijo ella-, no te despertaré, es más, dudo que me despiertes tú. Cuando duermo caigo en un sueño demasiado profundo... Pero, dime... ¿qué has soñado?

En ese momento, antes de que el chico pudiera hablar, Aurora cerró la puerta de su casa con la llave, estaban los dos solos aquella noche en la casa, nadie podría entrar, ni salir. El chico, le siguió contando:
--Aún, no mucho... Es más, sólo, he soñado con una chica, y un nombre.
--Ahh... bueno... es tarde ya, ¿no? Quizás debería decirte cúal será tu cuarto esta noche, y acostarnos -dijo ella un poco irritada-.
Quizás sea mejor, pensó él, ¿pero por qué se pone así? Eso era algo que no pudo entender...

Tras aquella conversación, fue a su cuarto, se acomodó en la cama, cerró los ojos, y se durmió.

¿Se necesita una razón?

14 marzo 2008

5 Vencidos

Os refesco (I, II, III): El joven se despertó en el bosque sin saber de su pasado, llegó a una aldea dónde un anciano le da cobijo, pero aparece muerto al día siguiente. Los vecinos van varias veces a la casa del anciano, pero nadie contestaba, llega la noche, y el joven decide marchar...



Abrió la puerta y miró atrás, allí dejaba todos sus recuerdos, sus pocos recuerdos. Dio dos pasos, la cerró de una forma suave, y allí de pie, miró las casas de los vecinos, y recordó que tenía que ir al sur, así que, decidió, salir por el lado contrario al que entró en el pueblo, por lo que, según le contó el anciano era el sur. Y así, al salir por allí no tendría que tener miedo de que los vecinos le vieran, sus casas quedaban encima de la del anciano.

Apenas había dado escasos pasos, y ya estaba inmerso en el bosque, trató de andar un poco más guiado por las luces de la aldea, y cuando su luz era demasiado difusa como para guiarle, se retumbó al pie de un ciprés, o quizás, era un pino. No estaba seguro, y menos a aquellas horas de la noche.

Allí, se quedó dormido. Volvió a soñar con Raquel, pero esta vez el sueño era mucho más nítido que el anterior, esta vez pudo soñar con una chica alta, de tez clara, con el pelo ondulado y negro por la altura de la espalda, unos ojos verdes, y un cuerpo esbelto… Parece que llora, parece que está triste, o al menos eso cree él. En sueños, cree escuchar su voz, y le reconforta, parece que nombra a un hombre, pero no logra entenderlo, lo repite…

De repente siente una fría mano, y una voz en su hombro, Raquel desaparece, la llama, pero no contesta, despierta del sueño, y allí estaba ella. Una joven igual a Raquel, ¿pero cómo? Se frota los ojos, y aún la ve más nítida. Traga saliva, y en medio del bosque le dice en voz baja:

-¿Raquel, eres tú?
-¿Quéee? ¿Qué dices muchacho? Yo no conozco a ninguna Raquel, y te he encontrado de casualidad, esta noche no podía dormir, y he salido desde la aldea a dar un paseo por este bosque, ¿y tú qué haces aquí con el frío que hace?

El joven se quedó pálido, no sabía que decir, la chica, que no se parecía en nada a Raquel, pero era bastante bella, era de la aldea del anciano… y le estaba preguntado qué hacía allí, quizás era mentira, y ya sabía que hacía allí, sólo quería cercenarse de que había matado él al anciano.

-Yo… yo… –tartamudeó– no… sé… lo… lo… lo que ha… hago… hago aquí….
-¿Cómo que no lo sabes? Chico, eres muy raro, antes me llamabas Raquel, que a saber de dónde has sacado ese nombre.
-No lo sé, porque no recuerdo nada, no recuerdo ni mi nombre. –Un poco más calmado, le contó lo mismo que al anciano días atrás, que había despertado en el bosque, pero omitiendo los detalles del anciano, si con el anciano funcionó, por qué no iba a hacerlo con ella, pensó.
-Pues, anda levántate, si puedes, y acompáñame a mi casa, no sé porque, pero veo en tus ojos que no me mientes, me inspiras cierta confianza y creo que no pasará nada, además, este bosque es peligroso, y ¿cómo no voy a abandonar a alguien si puedo salvarle la vida? Confío en ti.

El joven se levantó, y fue hasta la aldea, por suerte aquella chica no se percató, o quiso omitirlo, del macuto. Cuando llegaron a la aldea, le dijo que en la primera casa vivía un anciano, que todos los vecinos, estaban esperando que se muriera, porque no le hablaba a ninguno, y cuando iban a pedir un favor ni les abría la puerta. Llegaron a la casa de la chica, y le dijo que esa noche, y un par de días más estaba sola, sus padres habían ido al pueblo más cercano, y estarían unos días fuera, como siempre hacían. Tras eso, cerró la puerta y corrió las persianas, y cortinas. No quería que los vecinos la vieran con él.

Y allí, estaban los dos, ella, le indicó que se sentara en una silla, que le traería un vaso de leche. Este, pensó, que aquella situación era tan parecida a la del anciano… que hasta le pareció raro. La chica volvió y le dijo:

-Ahh, por cierto me llamo Aurora.

Un Nombre, Una Sensación

18 febrero 2008

4 Vencidos

Os vuelvo a refrescar la memoria (I y II): Un joven se encuentra de repente en un bosque, no sabe nada de sí mismo, andando encuentra una pequeña aldea, en ella un anciano le da cobijo, pero a la mañpana siguiente, este anciano aparece muerto...


Se sentó en el mismo lugar que la noche anterior, y empezó a pensar. Si llamaba a la policía podrían pensar que era él quién lo mató, si salía a pedir ayuda a los vecinos, podían pensar lo mismo, y si no hacía nada, tarde o temprano lo averiguaría alguien. Quiso confiar en que sería tarde, y no hizo nada. Decidida su actuación; tenía decidir cuándo saldría de la casa, si lo hacía y los vecinos lo veían, sospecharían algo raro, porque no sabían de su existencia, y le querrían preguntar al anciano sobre él, pero también tenía miedo, pos si los vecinos iban a hablar con el anciano.

Tenía que intentar por todos medios que no lo vieran, ¿pero cómo? Algo que era claro era que no podía salir durante el día, la mejor forma sería salir por la noche, y salir, de nuevo, hacia el bosque, hacia el sur. Esa noche buscaría refugio cerca del pueblo, quizás apoyado en la pared de la primera casa, o sobre el tronco de un árbol cercano, para poder tener algo de claridad de la luz de aquel pueblo, que aún no sabía siquiera el nombre. Cuando pasara esa noche, tendría que empezar a andar lo antes posible.

Pasó sentado en aquella silla bastante tiempo, no sabía exactamente cuánto porqué, cuando bajó no miró el reloj, no le importaba la hora, sólo quería que oscureciera. Empezó a sentir algo de hambre, y buscó un poco en la cocina de aquel anciano, encontró algo de fruta, aceite, y pan. Cogió un cuchillo del cajón, se sentó en la mesa y empezó a comer, como si nunca lo hubiera hecho. Aquellos sabores, por extraño que parezca le traían recuerdos, pero su mente estaba demasiado difusa para contextualizar esos recuerdos, quizás amargos, quizás dulces de lo que, pensó, un día fue su vida.

Con el estómago lleno, empezó a sentir sueño, se levantó de la mesa, y se dirigió al cuarto dónde había intentado dormir la noche anterior, de nuevo una extraña sensación recorrió su mente, esta vez era un nombre lo que le vino a la cabeza, Raquel. No paraba de rondar ese nombre por su mente, Raquel… ¿Quién sería esa chica que de repente apareció en su vida? ¿Su mujer, su novia, su hija, su madre…? No podía saberlo, y allí tumbado en la cama, se quedó dormido.

Al poco tiempo de estar allí dormido, escuchó porrazos en la puerta que lo desvelaron, él se levantó de la cama de una forma exaltada, un sudor frío recorría su cuerpo, y en su mente, el recuerdo incipiente del sueño, un sueño con una joven, que se alejaba de él. En el sueño no pudo ver la cara a aquella joven, no tenía nombre, pero para sus adentros, interiorizó a aquella joven como Raquel, su Raquel…

La razón de soñar con aquella chica, y el nombre era algo que quería adivinar, pero en aquel momento era más importante que los vecinos no supieran de su existencia y de la muerte. Los vecinos volvieron a pegar, él seguía en el cuarto paralizado, pasó el tiempo allí sin moverse, sin pensar en nada. Parecía que los vecinos se habían cansado de pegar en la puerta de aquel anciano. Sólo pensaba en que oscureciera de una vez por todas. Mientras tanto, empezó a buscar por la casa, necesitaba un pequeño macuto para meter algunas provisiones para su viaje, el anciano había muerto y ya no las necesitaría más.

En la habitación del anciano encontró un macuto, no muy grande, pero de aspecto juvenil, estaba muy sucio… sería de su juventud, o de algún familiar ya muerto, no podía saberlo, y no quería hacerse más preguntas. Lo cogió, lo sacudió, y se fue a la cocina. Necesitaba llevarse cosas ligeras, pero a la vez útiles. Cogió el pan que le había sobrado, un par de piezas de fruta, y algunas latas de conserva que encontró en la despensa al lado de la cocina. Además, de un cuchillo.

Volvió a la habitación donde estaba el anciano, el fuego de la chimenea estaba apagado por completo, y el cuerpo del anciano seguía helado. Miro por la ventana, y, pudo ver que ya había oscurecido pero no lo suficiente. Volvió al cuarto del anciano, y cogió algo de dinero que encontró mientras buscada el macuto. En la mesita de noche, había una linterna, que también cogió, por si le servía en su larga búsqueda. Tras eso, era de noche, volvió a aquella fría habitación, se armó con el macuto, y abrió la puerta.

Recordando

17 enero 2008

7 Vencidos

Un hombre se despertó en un bosque, no recordaba nada, y no había nadie alrededor para que pudiera ayudarlo, empezó a andar y llegó hasta una aldea, pegaba en las puertas y nadie abría. Fue pegando en todas las puertas, pero nadie le abrió, hasta que en la última... escuchó un leve ruido, era la puerta que se había abierto.


Tras ella, un anciano con bastante edad, quizás más de lo que hubiera esperado él. Pero de todas formas se acercó, no tenía otra opción, le contó todo lo que recordaba:
-Buenas noches.
-Buenas, joven, ¿qué hace por aquí? No es normal tener un visitante a estas horas de la noche. –le respondió el anciano.

-Pues… sin saber cómo me desperté en el bosque que está aquí al lado, y como no conocía la zona empecé a andar, no sé por cuánto tiempo. Hasta que comprendí que se me hacía de noche, empecé a aligerar el paso, y vi las luces de esta aldea. He ido pegando puerta por puerta y ningún vecino me ha abierto, sólo usted.
-Señor… es muy tarde, hace frío, y soy anciano, si todo esto es sólo una simple broma que está haciendo para robar, mis pocas pertenencias personales, adelante lléveselas, pero no me haga daño. –Dijo el anciano con una voz temblorosa.
-No, por Dios. Yo no haría eso, al menos ahora no, estoy perdido, no sé quién soy. Por eso, busco un poco de resguardo, un poco de ayuda, sólo por esta noche. –Se buscó en el bolsillo, y tenía algunas monedas–. Le doy estas monedas a cambio de cobijo.

El anciano, decidió dejarlo quedarse allí aquella noche, cuando entró pudo ver que tenía encendida la chimenea, aunque no hacía demasiado frío; le indicó que se sentara a su izquierda, en una pequeña silla, y él en una butaca frente a la chimenea. El anciano, empezó a balancearse tranquilamente, sin decir nada, en ese instante, pudo girar su mirada, y miró el reloj, eran algo más de las once de la noche. Le vino a la mente, el bosque, todo lo que caminó… Pero de repente, la voz de aquel anciano, le preguntó algo que no logró entender.

-¿Eh…? Perdone, pero que ha dicho.
-Nada importante joven, sólo hablaba para mis adentros… Hace bastante tiempo que se murió mi esposa, y desde entonces, he vivido aquí sólo. No tengo hijos, y estoy muy sólo, la gente de esta aldea no es muy sociable, y yo apenas salgo de aquí. ¿Y tú tienes esposa o hijos?
-No lo sé, no sé ni siquiera quién soy, de dónde vengo, y tampoco que voy a hacer mañana cuando me levante. No sé nada de mi vida anterior, como ya le dije me desperté en el bosque, y llegué hasta aquí de casualidad. Si le digo, que intenté caminar hacia el norte, ¿le suena que haya algún poblado al sur?

-Lo siento, joven, pero que yo recuerde, esta aldea está en mitad de una montaña separa por varios días de camino a pie, de cualquier otra aldea, o pueblo. Y al sur, pero muy lejos, quizás a un par de días de camino, o incluso más, hay una pequeña aldea. Hasta aquí es muy difícil llegar por otros medios es muy escabroso, esa es la principal causa de que sólo quedemos unas pocas personas aquí.
-Ya veo, ya… –Dijo el joven un poco desalentado–. Ya es tarde, ¿podría decirme donde dormiré esta noche?

El anciano se incorporó, y le dijo al joven que lo acompañase hasta una pequeña habitación donde tenía una cama, duerme ahí, le dijo, tras eso cerró la puerta el anciano, no sin antes decirle su nombre. Él se calló, no podía saberlo, lo había olvidado todo, y entre ello también estaba su nombre. Esa noche lo logró dormir nada, no paraba de pensar, de dar vueltas en la cama, hacia un lado, hacia otro… Llegó a la conclusión de que muy difícilmente, podría saber algo de su vida pasada, quizás con el tiempo recordase más, pero en aquel momento no. Y pensó que lo mejor sería quizás, bajar a aquella aldea que le había dicho el anciano que estaba a un par de días de camino.

En aquella habitación que olía a humedad, y que parecía que no había sido usada en mucho tiempo, había una pequeña ventana cerrada, pero de tal forma, que podía ver la claridad del exterior, y de esta forma consiguió averiguar que ya había amanecido. Salió del cuarto, no vio a nadie, empezó a andar, legó hasta la chimenea, vio que el anciano estaba sentado en su butaca inerte con la chimenea apagada, y su cuerpo frío. Estaba muerto, se quedó paralizado por un instante.
¿Qué debía hacer? ¿Era la primera vez que veía un muerto?

En El Bosque

04 enero 2008

4 Vencidos

Se despertó un poco abatido, ¿cuánto tiempo había estado durmiendo? ¿Dónde estaba? ¿Por qué estaba tumbado sobre esa tierra? Eran preguntas que rondaban su mente en aquellos momentos, pero de difícil respuesta, al menos para él.

Se incorporó a duras penas, no lograba reconocer aquel sitio, pero en aquel momento no hubiera reconocido si su propia imagen frente a un espejo. Recorrió los alrededores con la mirada, no había nadie que pudiera ayudarle, ni una sola muestra de civilización. En esa situación, perdido, sentado a la sombra de algún árbol, sin saber el motivo, y muy cansado, decidió que era hora de andar en busca de ayuda, en busca del motivo de todo eso.

Ya un poco más repuesto, con más fuerzas, empezó a andar, no sabía hacia donde iba, sólo que creía ir hacia el norte, allí andando despacio mientras que intentaba recordar por qué estaba allí, pero lo único que consiguió recordar que aquellos árboles que le rodeaban eran cipreses, un suave viento helado recorrió su cuerpo, y un escalofrío le hizo presagiar que algo iba a ocurrir. Pero lo único que pasó fue que un zorro lo asustó al pasar pocos metros delante de él.

Se paró de repente empezó a analizar fríamente su situación. Alguien o algo lo había llevado a aquel bosque lleno de cipreses, y pinos tan espesos que ni siquiera podía contemplar el sol, y al mirar a un lado u otro sólo árboles, junto a ellos, el sonido de la carrera de su única compañía hasta el momento, aquel zorro, que no inspiraba demasiado confianza.

Seguía andando durante horas, o al menos durante lo que le quiso parecer horas, poco a poco empezaba a entrar la noche, estaba asustado, no quería pasar una noche en ese bosque. Aceleró el paso, y por suerte, empezó a ver unas luces de lo que podría ser un pueblo, en esos momentos, no le importaba el porqué estaba allí, sólo buscaba refugio. Cada vez avanzaba más, y más rápido, ahora su único objetivo era llegar a aquellas luces, que no sabía lo que podrían ser, tropezó con una rama, se cayó al suelo. Se levantó como pudo, y siguió su camino.

Por fin había llegado a esas extrañas luces, parecía una pequeña aldea, con cinco casas, ¿o quizás eran seis? No importaba mucho, por fin había encontrado una salida a aquel bosque, pero… no había nadie fuera de su casa, las ventanas cerradas. Se acercó a la primera puerta, pegó y nadie salió a abrir la puerta, volvió a pegar con el puño en la puerta, nada. Pensó que tal vez no habría nadie, pero al girar su mirada hacia la ventana pudo ver un claro de luz. Volvió a pegar, y seguía sin salir nadie, quiso creer que en realidad vivía una persona anciana, o un impedido. Pero iba casa por casa, y en todas le pasó lo mismo. Nadie le abrió la puerta.

Llegó a la última casa, ya había recorrido cinco, iba sin esperanzas ningunas. Pegó una vez, y nada, pegó otra, para su desesperación, no ocurrió nada, se giró, pensó en quedarse a dormir apoyado en la pared de aquella casa, escuchó un leve ruido, era la puerta que se había abierto.