Dejé vencer mi alma, y por fin viviré en paz... En este Dulce Rincón, con esta Pena Vencida. Adiós La Dulce Pena. Adiós El Rincón de Los Vencidos. Todo tiene un principio, un fin y un motivo por el que existir: Este Rincón ya encontró el suyo, ahora es hora de delegar en La Piel de Una Promesa.
La Piel de Una Promesa
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Santa Compaña

10 febrero 2009

8 Vencidos

Hace ya algunos siglos, en algún lugar, no lo recuerdo con exactitud, tan sólo sé, tan sólo cuentas las leyendas, que fue cerca de Astorga en una noche de muertos, una noche, para los no creyentes como otra cualquiera, pero, en aquellos reinos cristianos al norte de Al-Ándalus tenían fe ciega en Dios, y en las almas errantes. En la Santa Compaña, en la procesión de las ánimas para llevarse los cuerpos al otro lado.

Y fue entonces cuando ella, una joven, quizás no demasiado bella a los ojos de los demás, pero, la única que le había conseguido robar el corazón a aquel chaval. Ella había conseguido que su enamorado le escribiera los poemas más hermosos jamás escritos, y el amor entre los dos casi podía tomarse como ofrenda al amor de Dios en aquel tiempo.

Y, quizás fuera por eso, o tal vez por el devenir del destino, pero, ella, aquella noche de muertos, se adentró en el bosque. Tenía que ir al pueblo vecino a visitar a su tío, que estaba gravemente enfermo, y había solicitado su presencia días antes. Marchó, se adentró en el bosque y, tras su paso, una espesa niebla comenzaba a nacer, pronto se disolvió su silueta.

Ella le prometió volver al amanecer, él quiso acompañarla, pero ella se lo impidió. Pasaron angustiosas horas. A lo lejos se oía un caballo galopar, y relinchar, él pensó que regresaba su amada, pero, sólo era un mensajero con malas noticias. Su tío ya había fallecido, y no era necesario que ella fuera a verlo. Él entusiasmado se adentró en el bosque, cerca ya de medianoche, debía encontrarla y traerla de vuelta.

Se adentró en el bosque, con sus brazos intentaba abrirse paso entre la densa niebla. Corría y gritaba su nombre: “Rocío”, “Rocío, vuelve tú tío ya murió”, “Rocío, ¿dónde estás?”. Repetía una y otra vez, sentía que le faltaba el aliento, no podía correr, gritar y respirar allí. Fue entonces cuando la vio, allí estaba ella, esperándole desfallecida; sobre la hierba, se encontraba su cuerpo, mas sin alma ni vida. Se acabó su amor.

Al amanecer siguiente tuvo lugar la sepultura, allí en el bosque, dónde la noche antes, según los ancianos, el alma de Rocío se fue con la Santa Compaña. Desesperado, se abalanzó sobre el ataúd, ya no la volvería a ver, tan sólo había una solución: Ser víctima de la Compaña como su dama. Ante todos los presentes, se arrodilló y lo juró. En el próximo día de todos los santos, moriría para estar al fin otra vez a su lado.

Desde aquel día, pasó todo el tiempo encerrado en su hogar, inmerso en todos los recuerdos de su amor, en tantos poemas, tantos besos y tanta pasión reprimida por los ideales de la iglesia…

Tras tantas noches, la espera tuvo su fin. Llegó el día de los muertos, y salió de su casa. Se dirigió hacia el bosque. La gente al verlo pasar, se sorprendía y se lamentaban por él; no entendían que deseara morir por un amor. No llegaban a alcanzar sus corazones, él tan sólo sonreía, después de tanto tiempo estaría por toda la eternidad al lado de Rocío.

Por última vez se adentró en el bosque: “Rocío, espérame ahora estaré junto a ti”. Llegó al lugar dónde ella murió, y espero a la Santa Compaña. Ésta vez las ánimas llegaron presididas por el alma de Rocío, que se llevó a la de su amor por siempre. Nada los separará.

Delirios de Grandeza

15 diciembre 2008

9 Vencidos

Según Platón, hace ya muchos, muchos años, al principio de la creación antes de la existencia de los hombres y las mujeres, había unos extraños seres habitando la tierra, mientras los Dioses los observaban desde el Olimpo. Aquel ser, no era tan distinto a los humanos tal y cómo los conocemos hoy…

Ellos, tenían un cuerpo como el nuestro, pero no eran muy altos, más bien bajos. Para superar esa desventaja tenían otras cualidades. Al igual que las quimeras tienen varias cabezas, ellos tenían dos caras, pero opuestas entre sí en la misma cabeza y en el mismo cuello. Dos caras para controlarlo todo. Un solo cuerpo con cuatro brazos, cuatro piernas, y dos sexos. Tal y cómo conocemos hoy el de los humanos serían cómo un hombre y una mujer pegados por la espalda.

Pero los Dioses del Olimpo, recelosos de la perfección de tal ser, de sus cualidades los envidiaban y a la par estaban asustados. Con dos caras, no sufrirían ataques por la espalda, y estarían siempre atentos, trabajarían con cuatro brazos más que cualquier ser de dos, y las cuatro piernas le permitirían caminar y correr por todo el mundo sin cansarse. Pero sobre todo, lo que a los Dioses más asustaba eran sus dos sexos, con ellos, no necesitarían a nadie más para expandirse por la tierra, pronto, sería toda para ellos.

Zeus, patrón del Olimpo; el más asustado y él que más los envidiaba, pues a pesar de ser el Dios Supremo, esos simples mortales eran más perfectos que él; creyó hallar la solución para menguar su fuerza y perderles el miedo. Con un rayo, los dividió en dos, así se creó el hombre y la mujer, divididos no suponían ningún peligro.

La población del mundo se duplicó, pero no importaba, estaban desorientados, acostumbrados a todas sus cualidades, ahora no podían hacer nada, si querían recuperar su antigua fuerza tenían que encontrar a su mitad perdida errando por el mundo. Antes no hubiera sido mayor problema, pues podían caminar sin cansarse, ahora, sólo tenían la fuerza de su corazón para buscarla, pero, no era suficiente, la envidia de otros seres iguales que ellos, y la traición por la espalda hacía mucho más ardua la tarea.

Los Dioses, estaban pletóricos con el plan de Zeus, fue la única forma de mermar su poder y perderles el miedo. Pero, algunos seres no desistían en su búsqueda a pesar de las piedras que encontraran en el camino. A pesar de lo duro que se hacía luchar, seguían buscando su otra mitad, y si la encontraban, deberían abrazarla de nuevo, y en ese instante recuperar su antigua fuerza, la capacidad de evitar la traición, la resistencia para andar largos períodos y soportar el trabajo agotador, sentirse un solo ser en perfección.

Ese abrazo, hoy lo llamamos sexo, y es nuestra fuerza para seguir.

Desde entonces, los humanos vagamos perdidos en la noche, en el día. Tristes, desamparados, buscando esa mitad, luchando por ella, sin saber muy bien por qué, pero sintiendo que a Zeus no le salió del todo bien su plan, porque, aún podemos recuperar nuestra fuerza sólo oyendo nuestro corazón.
Con sólo abrazarnos en una noche de sexo…


Quizá haya una razón por la que luchar. Y un día, tal vez, se vuelvan a ver, sintiendo una atracción no entienden por qué, pero han de saber que han roto esa maldición han de hacer caso a su corazón...

Psique y Eros

08 mayo 2008

10 Vencidos



Psique era una joven tan hermosa, que hasta la mismísima Diosa Afrodita estaba celosa de su belleza, y esta no vio mejor solución, qué hacer que Psique se enamorase del hombre más feo, para ello, usó a Eros, para que este usara una flecha y hiciera que Psique se enamorara del más feo. Pero, Eros, a pesar de su divinidad, cayó en brazos de Psique como cualquier mortal. Y acabó enamorándose de ella. Pero, era un amor imposible, al menos, imposible de consumar, pues los padres de la joven, querían mantener su virginidad, por mantenerla soltera.

En tal empeño, esos padres sobreprotegedores, acudieron a un oráculo, que les explicó que Psique había sido destinada por los dioses para un amante extraordinario, un monstruo que vivía en una montaña, y estos padres, lejos de perseguir su deseo, accedieron a la lectura del futuro de su hija, y la obligaron a marchar hacia aquella montaña. Al llegar a ella, el Dios del Viento, Céfiro, la alzó en sus manos, y la posó, cual colibrí, con una suavidad extrema en el suelo. Psique al ver la cueva llena de joyas, y alhajas, decidió quedarse allí.

En la noche llegó aquel monstruo, pero inmerso en la oscuridad no podía saber quién era realmente, no podía saber que el ser que le hacía el amor, era el Dios Eros. Ya que este, por temor a ser descubierto, en la cueva mantenía sus alas cerradas, y, le pidió a su joven prisionera, que jamás encendiera ninguna lámpara, sólo así, podría gozar de libertad por de día, y sólo debería regresar por la noche a aquella cueva.
Pasaron los días, y Psique, le contó a sus hermanas, lo que le pasaba, estas la convencieron para que encendiera una lámpara en mitad de la noche, para poder ver a ese monstruo, y pudo ver que el monstruo no era otro que Eros, el Dios al ver la luz, huyó de aquella cueva para no regresar. Preocupada, Psique, fue en su búsqueda, a pesar de la oscuridad, a pesar de creer, que era un monstruo, a pesar de la sumisión, se había enamorado de un Dios, algo, para muchos, digno de la muerte, pero, para una mujer enamorada, un motivo para vivir.

Y así, buscando a ese amor, por Grecia, pasaba días, noches, semanas… hasta que un día, entró a un Templo de Deméter, un templo con el suelo lleno de granos de cereales, que, cuidadosamente fue ordenando. Cuando acabó su ardua tarea, cuando, por unos momentos había conseguido olvidar a su amor, otro dios, esta vez, Deméter, le habló, este le dijo, que antes de encontrar a Eros debería ganarse la bendición de Afrodita, algo que ella no sabía era que Afrodita estaba celosa de su belleza, y nunca le daría tal aprobación. Psique salió de aquel templo, y buscó el de Afrodita. Le pidió a la Diosa su beneplácito para poder estar siempre con Eros, la Diosa, le dijo, que una simple mortal no podía estar con un Dios.

Pero, tuvo un poco de compasión al ver tal deseo, y desesperanza en los ojos de la joven mortal, que la engañó encargándole unas tareas, a cuál más difícil, si lograba cumplirlas, le diría el paradero de Eros, y los dejaría libres para amarse, por toda la eternidad. La primera prueba, era ordenar grano, otra vez, pero, esta vez, mucho más, y con un límite de tiempo. Eros, se enteró de que Psique estaba ordenando el grano que su madre le había encargado, por eso, para que consiguiera pasar aquella prueba y estar un paso más cerca de él, ordenó a las hormigas que la ayudaran. Gracias, a esto, consiguió su objetivo.

Afrodita, no podía creer que una simple mortal hubiera conseguido aquello, por ello, la mandó a recoger lana de oro de las ovejas, pero, de nuevo gracias a la ayuda de otro Dios, que le avisó que sería más fácil coger el oro cuando las ovejas durmieran, de esta forma, logró pasar otra prueba, y estar cada vez más cerca de su amado. Pero, Afrodita no estaba dispuesta a consentir que esa mortal estuviera con su hijo, y menos aún, después de romper el pacto de no encender ninguna luz en la cueva. Por eso, le dijo que por culpa del estrés causado por ella misma, había perdido parte de su belleza, y debería ir a recuperarla al Inframundo, pedírsela a Perséfone, dónde otros como
Orfeo, y Eurídice, ya habían perecido.

El camino más corto hacia la Laguna Estigia, era la muerte, por eso, se fue a la torre más alta que conocía para sacrificarse por amor, pero, Eros, la detuvo en el último momento, y le indicó la ruta que siguió Orfeo la primera vez para bajar, además, le dio comida para Cerbero, y algunas monedas para la Parca para que la llevase frente a Perséfone, una vez allí, Psique, le explicó la situación y Perséfone accedió encantada a ayudar a Afrodita. Ahora al fin, si podría regresar al lado de su amado, tras salir del Inframundo, antes de llegar al templo de Afrodita se detuvo un momento.

Pensó, que con un poco más de belleza, Eros, seguro que se enamoraría de ella, abrió la caja para tomar sólo un poco, y, en ella no había belleza, sino un Sueño Estigio, Eros, que siempre estuvo enamorado de ella, tuvo que volver a ayudarla, una vez disipado el sueño, alzó en sus brazos a Psique, y la llevó al Olimpo, allí, suplicó a Zeus y Afrodita, que le permitiesen casarse con aquella joven mortal, estaría dispuesto a renunciar a sus alas por amor, a su divinidad… pero, finalmente, los Dioses, accedieron, a hacerla a ella inmortal, para que pudieran permanecer juntos para toda la eternidad.

La Dama del Amanecer

12 diciembre 2007

5 Vencidos

En el norte de España, hace mucho tiempo, había una pareja de jóvenes. Él era bastante agraciado, pero comparado con ella, no era nada, en ella se podía encontrar toda la belleza del mundo resumida en una sóla persona, y el amor que ella sentía no conocía fin en el mundo. Y él, en el fondo, pues no tanto, la quería, sí, pero por su belleza, por su virginidad, mantenida hasta la fecha intacta.

Ella que desconocía, los más oscuros deseos de su amado, se confundió entre tantas promesas, que este le hizó, e hicieron el amor. Cuando al fin, el joven alzó su ego, ella quedó embarazada, y él, asustado, decide abandonarla, tantas promesas que hizo, se desvanecieron en el aire, en el aire, como él, ambos se esfumaron. Y ella, decidió seguir con su hijo adelante, tuvo el hijo.

El pueblo, al enterarse de su historia, la castigó, la desterró, a vivir encerrada entre muros, entre paredes. Ella al cabo del tiempo, murió, murió en vida, mas su espíritu, en las noches, sigue vagando por los caminos, hacia la posada dónde se conocieron. Pero, como fue traicionada, ahora se venga de todo aquel que sea seducido por su belleza, por su cuerpo...

Pero, nunca debes besar sus labios, si los rozas, morirás.

Mas, en la noche de los difuntos, su cuerpo resurge, y su corazón se lamenta, por el tormento que le causó aquel varón, y al llegar la mañana se desvanece en el aire, como antaño lo hicieron las promesas de su amado...


Su nombre, Kelpie...

Dafne

21 noviembre 2007

7 Vencidos


Todos los días las ninfas se reunían en el bosque para cantar. Dafne, era la que mejor lo hacía de todas. Un día como otro cualquiera, o eso creyó Dafne, el dios Apolo, estaba paseando por los bosques, a lo lejos, le pareció oír una dulce voz, seguido por su instinto, no resistió en adentrarse en el bosque, para averiguar de dónde provenía esa maravillosa voz…

Por fin la tenía frente a sus ojos, la voz era de Dafne, una hermosa ninfa, que además de su belleza, poseía una espléndida voz. Apolo la miraba fijamente, las ninfas que se dieron cuenta de ello, poco a poco se iban alejando y dejando a Dafne sola, que no se percataba de que era espiada. Hasta que al girarse y ver que estaba acompañada, paró de cantar y se quedó inmóvil, paralizada por el miedo. Sus ojos, de forma sutil, intentaban buscar un sitio dónde ocultarse, dónde huir, pero no encontraba ninguno.

Apolo, intentaba acercarse, le iba susurrando palabras de amor, de deseo… Dafne intenta disuadirlo, debía conservar su virginidad… pero Apolo, no entendía eso, se acercaba más y más. Esta en un principio inmóvil por el miedo, ahora empezó a correr, correr sin dirección, pero con el único objetivo de alejarse de ese hombre. Apolo que seguía sin entender una simple ninfa deba ser virgen, que no quiera entregarse a sus brazos, a los brazos de un dios… Al verla huir, la persigue de una forma veloz.

Dafne, tropieza con una de las ramas del bosque, se desgarra la ropa, intenta levantarse, pero se vuelve a resbalar, se daña las piernas, la sangre inunda su, ya, destrozada ropa... Apolo, esta a punto de alcanzarla, la ve de esa forma semidesnuda, su pasión crece por segundos…, pero Dafne en un intento desesperado, suplica a la tierra, a su padre, el río Peneo, que la salve de tal destino… vuelve a suplicar, esta vez llorando de desesperación, como no ocurre nada, volvió a levantarse con las pocas fuerzas que le quedaban, y siguió corriendo.

Si al levantarse sentía que Apolo estaba más cerca de ella, ahora, sentía como sus extremidades se volvían más rígidas, más inflexibles, y disminuía su movimiento, desesperada, preguntó al aire ¿por qué? Hasta que se dio cuenta de que esa rigidez, no era tal, sino robustez, su piel estaba recubierta por una corteza. Apolo, al ver tal metamorfosis, vuelva a paralizarse, a escasos metros, contempla como los dedos de Dafne, se alargan, se convierten en hojas, cada vez más, más, y más rápido, paralizado por el miedo, no puede actuar, no puede pararla.

Cuando consigue darse cuenta de todo lo que ha pasado en un simple instante, Dafne, ya carece, de manos, de rostro, de pies, de todo carácter, que la pudiera relacionar con una ninfa, ahora sólo es un árbol, un simple árbol, al que acercarse, y llorar. Arrodillarse, y quién sabe si quizás, coger alguna hoja, coger una parte de lo que nunca poseyó como recuerdo. Como recuerdo del deseo…

Pigmaleón y Galatea

07 octubre 2007

5 Vencidos

Pigmalión era un joven, apuesto vivía en una ciudad de Grecia, a pesar de su belleza, nunca tuvo una relación de pareja, no lo necesitaba, él con sus esculturas ya tenía suficiente entretenimiento, y todo lo que necesitaba. Muchas jóvenes del pueblo empezaron a preocuparse por él y fueron a pedirle compromiso, pero este les negó el deseo a todas, una por una.
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Las jóvenes del pueblo sin poder soportarlo más, pidieron a la diosa Afrodita, la diosa del amor, y de la belleza, que le obligase a casarse con alguna. Esa misma noche, Afrodita se le apareció a Pigmalión, y le dijo que eligiera una mujer para casarse, en caso contrario, ella decidiría la afortunada. Pero este no quería casarse, y no sabía cómo decírselo a la Diosa, le pidió que le cediese un tiempo para hacer una escultura para ella, esta aceptó de buen grado.
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Pasó mucho tiempo intentando buscar la forma exacta de la estatua, en simples figuras de barro, pero ninguna tenía la belleza que él deseaba para la Diosa. Ella impaciente le pedía que se diese mayor prisa, pero este, le decía que era necesaria tal lentitud. Hasta el día que empezó a hacer la escultura en piedra.
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Cada día le dedicaba más tiempo, cada día tenía más ganas de acabar la escultura, quería acabarla aún sabiendo que se tendría que casar con alguna dama del pueblo, pero no le importaba se había enamorado de la escultura, que la modificó tanto que dejó de parecerse a Afrodita, le daba igual se había enamorado.
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Cuando por fin acabó, se separó unos milímetros para secarse el sudor. Afrodita se le apareció le dijo que su tiempo había terminado, ahora debía de elegir una acompañante de su alma, una novia. Pigmalión preguntó si podía ser la estatua, pero la Diosa le negó tal deseo, este entre sollozos le pidió que primero la transformase en una persona real, y la Diosa, se apiadó del pobre hombre, y le concedió su deseo.
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De esta forma Pigmalión pudo conseguir una pareja, Galatea, una pareja a su gusto tan a su gusto que hasta él mismo la había creado.
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¿Y tú? ¿Qué prefieres, una pareja tal y como tú quieras que sea, o una pareja, tal vez, imperfecta, pero qué no sepas con lo que te podrá sorprender?

Orfeo y Eurídice

03 octubre 2007

9 Vencidos

Cuenta la mitología griega Orfeo era un poeta, y Eurídice, una dríade. Ambos se casaron pues su amor no conocía fin. Orfeo cantaba las canciones de amor más hermosas jamás oídas, sólo comparables con la belleza de su amada. Pero un día, un triste y oscuro día, una serpiente mordió a su dríade y ella murió. Su alma acompañó a Hades y Perséfone.
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Orfeo, ciego de amor, haría cualquier cosa por volver a ver su amada. Cantó tanto y tan triste que los mismos Dioses le aconsejaron que fuera al Inframundo a pedirle a los amos de él, que le devolvieran su amada. Recorrió el Ténaro a Cerbero se enfrentó con su simple lira, y con las palabras de desesperación y amor. Pero no logró llegar al final del Averno, y les hizo recordar el rapto de la reina de los inframundos, y Hades al entender el amor, habló con Orfeo.
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Orfeo, suplicó, y Hades aceptó a dejarlos marchar, pero con la única condición de que Orfeo no mirar atrás hasta que la luz del día, la luz de la vida, rodee por completo a Eurídice. Logran cruzar todos los peligros, logran dejar atrás las almas que buscan perdón. Pero un instante antes de que su amada salga por completo del Reino de Los Muertos, Orfeo duda y gira su rostro. Clava su mirada en Eurídice, y esta, se desvanece en el aire, se evapora como el aíre, pero no le importa, pues sabe que su amado le sigue amando.
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Orfeo, se paraliza su amada se fue por segunda vez. Cambia de rumbo a Estiga, a pedirle al barquero que lo vuelva a cruzar, necesita estar con su amada, pero este le niega el deseo; y allí estará siete noches llorando lágrimas de dolor, alimentando la Laguna. Cuando decide volver a Tracia sus pesares son más tristes que antes de su primera marcha, y niega todo amor, hiere los corazones, tantos corazones, que estos son su muerte. Esos corazones, empiezan a pegarle, lo derriban, y una piedra se torna de rojo, allí junto al Ródope, encuentra su tumba; y su alma por fin podrá unirse a la de su amada.
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Eurídice, muerta por segunda vez, espera en el otro extremo de Estigia, espera en el Averno, una espera que no sabe lo que durará. Sabe que Hades no dará una segunda oportunidad, su mente no comprendé como pudo dar la primera, pero no le importa, sabe que el amor de Orfeo es cierto, es tan cierto como que está muerta por segunda vez. De repente, unas notas de música, una lira empieza a sonar... quizás sí, quizás sea él.
-ultima frase: TYR-
El poeta, ya muerto, conoce al camino, y presto se dirige a reunirse con ella, fundiendose en un abrazo para la eternidad.

Dafne y Apolo

30 agosto 2007

2 Vencidos

Sinceramente, no sé que representará esta imagen, ni el contexto. Pero, al verla, así, llorando sangre, quizás de dolor, quizás de pena. Al ver sus cabellos tornarse en ramas, y poco a poco írseles clavando por el pecho, los brazos, e incluso la frente, me viene a la cabeza, aquella ninfa –Dafne—, que se convirtió en árbol para escapar de su enamorado –Apolo– . No me acuerdo muy bien de esa leyenda griega.
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Otro detalle que me hace pensar en esa leyenda es que fijándonos más en la imagen en el rostro de la joven, un rostro que a primera vista no presenta grandes marcas de sufrimiento, por lo que podría estar llorando en ese momento por dolor, otra cosa curiosa es como su torso está desnudo, y en el brazo se ve una especie de restos de lo que quiero pensar que era ropa, quizás ¿Apolo? le desgarró la ropa antes de poder transformarse.
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A partir de ahora, dejo el tema mitológico, y lo paso a un lado un poco más humano, y del que aún no he escrito nada.
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Si no olvidamos de la mitología, esta bella joven, debería estar sufriendo un dolor muy intenso, a mi parecer sufre por amor, y desesperación. Su cara es lisa, no hay marcas; sus brazos, un poco finos; su torso también parece pequeño para sostener ese busto. Quizás esté sufriendo –dejando volar la imaginación—, porque haya sido violada, o incluso maltratada (esta suposición la dudo más).
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Si Luis Royo, al dibujarla, quiso darnos a entender el dolor que sufren las mujeres (en este caso) al ser violadas, nos la representó con sangre en los ojos, en vez de lágrimas. Y, otro símil, que podemos encontrar es el de las ropas desgarradas, que además de que se las hubiese roto en el forcejeo, también podrían representar la desnudez ante la ley. Y luego en menor media, las ramas los cabellos clavándose, sería el dolor intenso que sufren por dentro, el sentimiento de culpa, se le están clavando su propio cabello.
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Todo esto no son más que suposiciones, ahora me toca preguntarte: ¿Tú qué crees que le pasa a esta joven?

Quimera y Belerofonte

24 junio 2007

3 Vencidos

Esta vez sin permiso, he decidico plagiar un nick del MSN, y escribir un poco sobre él, el nick es de Xío: Sigue siendo mi Quimera... pero lo que no sabe es que yo ya me convertí en Belerofonte... Espero que no le moleste...
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Belerofonte, no siempre se llamó así, hubo un tiempo en el que se llamaba, Iponoo, pero recibió el cambio de nombre tras matar a su hermano. Tras esto decidió matar a Tirinto, para purificar su error, pero tras varias aventuras (que no cuento, pues no es el fin de esta entrada), le fue encomendado matar a Quimera, la cual ya había sido asesina de muchos otros héroes.
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Pero, Belerofonte, recibió la ayuda de Atenea, le entregó unas bridas de oro para domar al caballo alado, Pegaso. Cuando logró colocárselas montado en él, se decidió ir a por Quimera. Esta escupía fuego por la boca, pero gracias a la ayuda de Pegaso, pudo escapar de todos sus ataques, y pudo tirarle una lanza con la punta de plomo dentro de la boca de Quimera, esta con su fuego derritió el plomo, y al descender por su gargante fue quemando todos sus órganos hasta que murió.
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Esa es la historia de Quimera y Belerofonte, pero como muchos de nosotros sabemos, una quimera también puede ser un sueño imposible de realizar, o un deseo que no se cumplirá. Y bueno, al decir Belerofonte en la frase querría decir -a mi parecer- que ese sueño va a dejar de existir. Pero, yo pienso, ¿si olvidamos los sueños que nos queda?

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Es cierto que los sueños nos hieren, es cierto, que deseamos muchas cosas, y que casi ninguna llega a cumplirse, pero aún así, aún a pesar del dolor, es bueno soñar, y tener un motivo por el que seguir adelante, y luchar...
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PD: El dibujo lo encontré por google, y para los que quiera más información sobre Quimera y Belerofonte, un link con info:
http://www.vidasdefuego.com/mit_belerofonte.htm