Dejé vencer mi alma, y por fin viviré en paz... En este Dulce Rincón, con esta Pena Vencida. Adiós La Dulce Pena. Adiós El Rincón de Los Vencidos. Todo tiene un principio, un fin y un motivo por el que existir: Este Rincón ya encontró el suyo, ahora es hora de delegar en La Piel de Una Promesa.
La Piel de Una Promesa
Mostrando entradas con la etiqueta Novela Corta: El Tren. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Novela Corta: El Tren. Mostrar todas las entradas

...El Tren... (II)

24 marzo 2008

5 Vencidos

Llegó a la estación, se acercó a la ventanilla de información, y pidió un billete para el siguiente tren, fuese cúal fuese. No le importaba, de todas formas, nadie la estaba esperando en el destino. Nadie, sabía que estaba allí, nadie sabía quién era ella. Le preguntó, a aquella chica de ojos verdes, y pelo castaño, dónde tenía que cogerlo, a modo de disculpa por esa pregunta, en principio, tan evidente le contó que era la primera vez que lo cogía. Y aquella muchacha, sonriendo le explicó que tenía que sentarse en el andén 5.

Se acomodó sobre la pared, quiso pensar sobre lo que estaba haciendo, pero el frío era tan intenso, que su mente sólo podía pensar en él. Llegó un tren, agarró fuerte el billete, y dudó un segundo en si montarse o no, si se montaba, sería la última vez que pisaría esa ciudad. Lo agarró aún más fuerte, hasta que le dolió la mano, y en aquel instante, se lo entregó al operario, este la miró, y le sonrió. Ella, no pudo devolverle la sonrisa, algo en su corazón la hacía estremecerse.

Buscó su asiento, se séntó, y echó una mirada rápida al tren, no había casi nadie, si acaso, cuatro o cinco personas más que ella, penso que era normal a esas horas de la madrugada. Creyó que era un buen momento para pensar en su, todavía, marido; en su, todavía, hogar; y en su, todavía, vida... pero, se quedó dormida, y cuando despertó ya estaba amaneciendo, miró por la ventana, y vió el mar. El mar y un triste árbol solitario, tan solitario como ella.

Un triste árbol en la arena, tan triste como ella, pero aún así se mantenía en pie. En pie, y desafiante, a pesar de estar sólo, de no tener nadie que le apoyara, ni nadie en quién apoyarse, pero seguía ahí. Por primera vez en mucho tiempo sonrió, si él arbol podía mantenerse, ella también. Una voz grabada, avisó a los pasajeros que el tren estaba llegando a su destino, ella, abrió los ojos y tomó aire.

Ahora sí empezaba su nueva vida.

...El Tren... (I)

08 marzo 2008

4 Vencidos

Aquella noche se despertó, antes hubiera sido algo inusual pero en la última semana, estaba haciéndolo de un modo demasiado frecuente. Se incorporó un poco en la cama, y encendió la luz de la lámpara que le acompañaba en su mesilla de noche. Él sólo arrugó los ojos, y le dijo casi en sueños, que la apagase. Ella, como últimamente, se disculpó, mientras él, sólo refunfuñaba por haberlo despertado, y siguió durmiendo. Ella, lloraba, lloraba, y se fue del cuarto, para no molestarlo más.

Pero, antes de salir por completo del cuarto, cogió un pequeño diario que escribía a escondidas de él, lo cogió, y fue al salón, mientras, él seguía inmerso en un profundo sueño. Pensó que era ahora o nunca, desde hacía mucho tiempo, la relación no era como antes, habían cambiado muchas cosas, quizás demasiadas, como para seguir inmersa en esa pesadilla, en ese velatorio, y esas disculpas, sinceras, pero mal agradecidas.

Y sin valor para volver al cuarto, a vestirse, fue a la cocina, donde estaba la lavadora, y el cesto de la ropa sucia, buscó y sacó la que pensó, o quiso pensar, menos sucia. Se vistió, bajo la tenue luz de la cocina, y volvió al salón. Sentada en el sofá, con la mirada intentaba averiguar dónde había algún trozo de papel, y algún bolígrafo; recordó que él, siempre guardaba algunos debajo del televisor, para las urgencias. Los cogió, y se sentó en la mesa.

Ahora, o nunca volvió a pensar. Y, tristemente, fue nunca.


Nunca le escribió una carta de despedida, nunca le escribió, un adiós. Tan sólo, abrió la puerta de la calle, tan suavemente como su excitado pulso le permitía, y la cerró con una suavidad, que no se conocía en esa casa desde tiempo atrás, pues él siempre la cerraba a portazos, por su mal humor, y ella, apenas salía. Bajó las escaleras, y se encontró enfrente de la puerta que daba a la calle, no fueron muchas escaleras, pues vivía en la primera planta del bloque de pisos, pero, en esos instantes, le parecieron una eternidad.

Por alguna extraña razón, que no alcanzaba a comprender, sintió un extraño deseo de ir a la estación de trenes, le extrañó mucho porque nunca había cogido un tren, no sabía que le esperaría, que tenía que hacer, ni a dónde iría el tren. Hacía frío aquella noche, así que se apresuró para llegar a la estación, y, por primera vez, coger el tren. Sin un destino, sin un futuro… Sólo con su ropa, y mucha ilusión, la ilusión de empezar de nuevo. Un nuevo mundo, unas nuevas ilusiones… sabiendo que a partir de ese momento todo cambiará. Será su nueva vida, su nueva ilusión. Ya no tendrá que mirar atrás.



PD: Basada en “No Mires Atrás” de Sangre Azul: letra y música (otra posibilidad).