Ayer volví a cometer un error, el error más grave que cometo en mucho tiempo, y no grave por las consecuencias que pudo tenr, sino, por la desolación y la desesperanza que creo en mí. Si os lo preguntáis el error fue no ir a un Recital de Poesía de Amor, organizado por Ana Parrado y Jalid -ambos de ACPoesía; y Ana, amiga mía-.
No fui por ir a las clases, ingenuo de mí, pensar que en clase aprendería más, que en clase avanzaría mi alma... Hasta el último segundo en que entró el profesor por la puerta estube dudando en marchar, en volar, en dejar mi alma crecer... pero, idiota de mí, seguí en clase. No sin rabia y sin dolor por maldecir mi suerte, por maldecir la universidad, veinte días antes, tampoco pude ir a un recital por los exámenes, y por tener que marchar al campo
Seguí en la clase manteniendo la compustura como pude, sin derrumbarme delante de mi novia, delante del profesor, delante de los compañeros, pero, con miles de lágrimas en los ojos esperando el momento adecuado para salir. Otra vez había dejado pasar el tren, pronto, dejarán de pasar los trenes para recogerme y llevarme hasta mis sueños si ven que nunca subo. No fue hasta esa noche cuando rompí a llorar, y me desahogué, en la oscuridad de la habitación.
Pero, más tarde comprendí, que, llorar por ello no me iba a devolver la oportunidad, que tal vez hubiese sido un error no ir, o quizás fue un acierto... Y sólo os cuento esto para, de algún modo, deshacerme de ese mal recuerdo, enterrarlo en El Jardín del Olvido, y intentar aprender la lección, mientras, seguiré corriendo tras ese tren, que, si no se vuelve a parar, correré y lo adelantaré... El pasado no va a vencerme; no otra vez más.
Si alguna vez vuelvo a caer, como ayer, me levantaré, como hoy. Hace un poco de tiempo, se lo prometí a una amiga, y sobre todo, me lo prometí a mí. Hoy, no siento el dolor que sentí ayer, no me voy a dejar vencer. Me agarré a todo lo que tengo como pueda. Si no fui al recital, quizás fuera porque no quería enfrentarme a ciertos fantasmas del pasado, que no lograría vencer ayer... no sé, pero, alguna razón hay.
No fui por ir a las clases, ingenuo de mí, pensar que en clase aprendería más, que en clase avanzaría mi alma... Hasta el último segundo en que entró el profesor por la puerta estube dudando en marchar, en volar, en dejar mi alma crecer... pero, idiota de mí, seguí en clase. No sin rabia y sin dolor por maldecir mi suerte, por maldecir la universidad, veinte días antes, tampoco pude ir a un recital por los exámenes, y por tener que marchar al campo
Seguí en la clase manteniendo la compustura como pude, sin derrumbarme delante de mi novia, delante del profesor, delante de los compañeros, pero, con miles de lágrimas en los ojos esperando el momento adecuado para salir. Otra vez había dejado pasar el tren, pronto, dejarán de pasar los trenes para recogerme y llevarme hasta mis sueños si ven que nunca subo. No fue hasta esa noche cuando rompí a llorar, y me desahogué, en la oscuridad de la habitación.
Pero, más tarde comprendí, que, llorar por ello no me iba a devolver la oportunidad, que tal vez hubiese sido un error no ir, o quizás fue un acierto... Y sólo os cuento esto para, de algún modo, deshacerme de ese mal recuerdo, enterrarlo en El Jardín del Olvido, y intentar aprender la lección, mientras, seguiré corriendo tras ese tren, que, si no se vuelve a parar, correré y lo adelantaré... El pasado no va a vencerme; no otra vez más.
Si alguna vez vuelvo a caer, como ayer, me levantaré, como hoy. Hace un poco de tiempo, se lo prometí a una amiga, y sobre todo, me lo prometí a mí. Hoy, no siento el dolor que sentí ayer, no me voy a dejar vencer. Me agarré a todo lo que tengo como pueda. Si no fui al recital, quizás fuera porque no quería enfrentarme a ciertos fantasmas del pasado, que no lograría vencer ayer... no sé, pero, alguna razón hay.
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