Dejé vencer mi alma, y por fin viviré en paz... En este Dulce Rincón, con esta Pena Vencida. Adiós La Dulce Pena. Adiós El Rincón de Los Vencidos. Todo tiene un principio, un fin y un motivo por el que existir: Este Rincón ya encontró el suyo, ahora es hora de delegar en La Piel de Una Promesa.
La Piel de Una Promesa

¿Se necesita una razón?

14 marzo 2008

Os refesco (I, II, III): El joven se despertó en el bosque sin saber de su pasado, llegó a una aldea dónde un anciano le da cobijo, pero aparece muerto al día siguiente. Los vecinos van varias veces a la casa del anciano, pero nadie contestaba, llega la noche, y el joven decide marchar...



Abrió la puerta y miró atrás, allí dejaba todos sus recuerdos, sus pocos recuerdos. Dio dos pasos, la cerró de una forma suave, y allí de pie, miró las casas de los vecinos, y recordó que tenía que ir al sur, así que, decidió, salir por el lado contrario al que entró en el pueblo, por lo que, según le contó el anciano era el sur. Y así, al salir por allí no tendría que tener miedo de que los vecinos le vieran, sus casas quedaban encima de la del anciano.

Apenas había dado escasos pasos, y ya estaba inmerso en el bosque, trató de andar un poco más guiado por las luces de la aldea, y cuando su luz era demasiado difusa como para guiarle, se retumbó al pie de un ciprés, o quizás, era un pino. No estaba seguro, y menos a aquellas horas de la noche.

Allí, se quedó dormido. Volvió a soñar con Raquel, pero esta vez el sueño era mucho más nítido que el anterior, esta vez pudo soñar con una chica alta, de tez clara, con el pelo ondulado y negro por la altura de la espalda, unos ojos verdes, y un cuerpo esbelto… Parece que llora, parece que está triste, o al menos eso cree él. En sueños, cree escuchar su voz, y le reconforta, parece que nombra a un hombre, pero no logra entenderlo, lo repite…

De repente siente una fría mano, y una voz en su hombro, Raquel desaparece, la llama, pero no contesta, despierta del sueño, y allí estaba ella. Una joven igual a Raquel, ¿pero cómo? Se frota los ojos, y aún la ve más nítida. Traga saliva, y en medio del bosque le dice en voz baja:

-¿Raquel, eres tú?
-¿Quéee? ¿Qué dices muchacho? Yo no conozco a ninguna Raquel, y te he encontrado de casualidad, esta noche no podía dormir, y he salido desde la aldea a dar un paseo por este bosque, ¿y tú qué haces aquí con el frío que hace?

El joven se quedó pálido, no sabía que decir, la chica, que no se parecía en nada a Raquel, pero era bastante bella, era de la aldea del anciano… y le estaba preguntado qué hacía allí, quizás era mentira, y ya sabía que hacía allí, sólo quería cercenarse de que había matado él al anciano.

-Yo… yo… –tartamudeó– no… sé… lo… lo… lo que ha… hago… hago aquí….
-¿Cómo que no lo sabes? Chico, eres muy raro, antes me llamabas Raquel, que a saber de dónde has sacado ese nombre.
-No lo sé, porque no recuerdo nada, no recuerdo ni mi nombre. –Un poco más calmado, le contó lo mismo que al anciano días atrás, que había despertado en el bosque, pero omitiendo los detalles del anciano, si con el anciano funcionó, por qué no iba a hacerlo con ella, pensó.
-Pues, anda levántate, si puedes, y acompáñame a mi casa, no sé porque, pero veo en tus ojos que no me mientes, me inspiras cierta confianza y creo que no pasará nada, además, este bosque es peligroso, y ¿cómo no voy a abandonar a alguien si puedo salvarle la vida? Confío en ti.

El joven se levantó, y fue hasta la aldea, por suerte aquella chica no se percató, o quiso omitirlo, del macuto. Cuando llegaron a la aldea, le dijo que en la primera casa vivía un anciano, que todos los vecinos, estaban esperando que se muriera, porque no le hablaba a ninguno, y cuando iban a pedir un favor ni les abría la puerta. Llegaron a la casa de la chica, y le dijo que esa noche, y un par de días más estaba sola, sus padres habían ido al pueblo más cercano, y estarían unos días fuera, como siempre hacían. Tras eso, cerró la puerta y corrió las persianas, y cortinas. No quería que los vecinos la vieran con él.

Y allí, estaban los dos, ella, le indicó que se sentara en una silla, que le traería un vaso de leche. Este, pensó, que aquella situación era tan parecida a la del anciano… que hasta le pareció raro. La chica volvió y le dijo:

-Ahh, por cierto me llamo Aurora.

5 Vencidos:

carlota dijo...

hijo, yo que él salía corriendo de esa casa... qué gente más rara la de ese pueblo... ;)

El Ángel del Dulce Dolor dijo...

Sinceramente, bastante bastante mejor de lo que hemos leído hasta ahora en El Rincón de los Vencidos. ¡Te vas superando! Sigue así, y ánimo con ambas novelas!!

La Dulce Pena dijo...

Carlota, raros, no... demasiado confiados y hospitalarios... jeje

No sé yo si serán más raros los aldeanos o él, que aún no se sabe que hace allí, ni porqué...

ADD, gracias, muchas gracias hombre... Seguiré, hasta el fin

PIER BIONNIVELLS dijo...

Ese pueblo ya me da miedo!..
Y que casualidad que la chica le hablara del viejo?..es muy raro no?..

Y tambien el chico es muy confiado.. hum.. no se.. no me suena nada bien.. seguro que lo envenena con el vaso de leche..

un abrazo dulce..

La Dulce Pena dijo...

Pier (no sé porque se me pasó contestar), piens que es una pequeña aldea, todos se conocen... y no creo que lo envenene... jeje, tengo pensado otro plan para ella...

Voy a ver si lo escribo ahora..