Dejé vencer mi alma, y por fin viviré en paz... En este Dulce Rincón, con esta Pena Vencida. Adiós La Dulce Pena. Adiós El Rincón de Los Vencidos. Todo tiene un principio, un fin y un motivo por el que existir: Este Rincón ya encontró el suyo, ahora es hora de delegar en La Piel de Una Promesa.
La Piel de Una Promesa
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En La Oscuridad de La Noche

16 febrero 2009

5 Vencidos

Aquella noche sabía que sería distinto, nunca hizo lo que estaba haciendo. Era cierto que, a veces había actuado de forma similar, pero no igual. Esta vez era única, irrepetible.

Salió de su casa, hacía frío, por ello, se abrigó con una camiseta de manga corta, una larga y encima aquella sudadera negra. Los baqueros y aquella gorra marrón clara complementaban sus ropajes. Nunca se ponía gorra, pero para el frío era mejor que tuviera algo en la cabeza. En el camino iba pensando en si de verdad podría cumplir con su objetivo allí. Tal vez no fuera el lugar más apropiado. O tal vez hiciese demasiado frío y desistiera de la idea de intentarlo.

Mas, por fin, llegó. El frío apretaba y calaba hondo, más nada podía hacerlo ya desistir. Allí estaba dispuesto a escribir todo lo que aquel mágico lugar le permitiera. Aquel lugar era un pequeño parque, rodeado de carreteras por todos sus lados, pero, sin embargo, era la zona más verde de toda la ciudad. En medio, tenía un pequeño lago artificial, en el que, desde su posición, podía ver la luz de las farolas reflejarse en el agua. La luna por más que lo intentó, por más que la buscó no la logró ver.

"Si la Luna no quiere bendecirme con su luz, le otorgaré el mío" pensó para sus adentros. Se levantó de aquel banco donde permanecó sentado, se alejó de la luz de la farola que era el único resquicio de claridad que podía usar para escribir. Una vez de pie, se dirigió al lago, todo lo que la fría valla metálica le permitía. Por suerte, él siempre fue alto, y esto le permitió verse reflejado en aquellas aguas. Así, su resplandor tendría la osadía de compararse con el, aquella noche ausente, de la Luna.

Tras aquel acto, lleno de pasión, siguió actuando movido por sus instintos, se tumbó para sentir la hierba en su espalda, en su nuca. Recostado allí prosiguió buscando el haz de Luna, pero no aparecía, finalmente se dió cuenta de que sino podía disfrutar de la Luna, al menos lo haría de la suave, y fresca brisa del viento. Que no era demasiado intensa, pero con las bajas temperaturas de aquel inusual invierno parecía helar hasta el corazón más cálido. Quizás ese fuera el motivo por el que no pudo disfrutar de las voces de los niños jugando, de los jóvenes corriendo para mantenerse en forma, o tal vez, sería por la hora; pero en aquel parque no había nadie.

Solo él, tumbado en aquel parque y absorto en sus sentimientos escribiendo estas leves palabras para este Rincón, Mi Rincón, Nuestro Rincón; y soñando con un pequeño poema que cultivar en su Jardín, ese Jardín en el que la Niebla nubla la vista.

Cómo en un Sueño

10 noviembre 2008

6 Vencidos

Acabábamos de salir del cine, hacía bastante tiempo que no nos habíamos visto, como seis o siete meses, pero, en nuestras memorias, en nuestros recuerdos –al menos en los míos–, aún permanecían aquellos momentos de infancia y de adolescencia prematura. Pero, también recordaba cómo todo aquello pasó, y sólo quedó en recuerdos, que se lleva el viento.

Otras veces te había visto por la calle, y apenas nos saludamos, pero, esta vez era distinta, quizás no demasiado, pero sí suficiente. Estaba lloviendo, bastante, y tú no tenías sombrilla; yo sí, por eso ver que tú no tenías, y tampoco se acercaba nadie para acompañarte, supuse que estabas sola, y me acerqué a ti para resguardarte del agua. Al principió me acerqué como si no te hubiese visto antes, sólo para saludarte.

Hablamos sobre nosotros, pero, conversaciones vacías, preguntándonos cómo nos iba en la vida… Preguntas que ninguno de los dos quería hacer, pero hicimos, y respondimos. Poco a poco la gente se iba yendo, bajo sus paraguas… Todos menos nosotros dos, que aún estábamos allí, inertes, con las mentes en lugares muy lejos de allí. Cuando nos quedamos por fin solos, y vi que no hacías ningún gesto para irte, te ofrecí un hueco en mi sombrilla.

Tú, lo aceptaste, aunque no sé muy bien si por compromiso, o por verdadero deseo, de estar a mi lado. Nuestra relación en el pasado, me hubiera dicho que por compromiso, pero, en tus ojos, creo que hubo algo más. Pero nunca fui bueno para leer miradas, y menos, en sus ojos, siempre me parecieron tan hermosos, pero inexpresivos. Nunca me dejó que leyera en su alma, jamás, me contó nada. A pesar de los recuerdos que tuvimos, nunca supe nada de ella, más allá de la relación de unos compañeros de clase.

Bajo la lluvia, todo parecía distinto. Te agarraste a mí, muy cerca, nunca supe si para no resguardarte de la lluvia o para acercarte a mí. No te lo pregunté, no quise saber la verdad. Yo era feliz allí en mi mundo. Un mundo irreal, del que tendría que despertar. Pero no aún. En el camino, te pregunté si tenías pareja. Pero, tú no me respondiste. No volví a insistir más, comprendí que era un sí que no te atrevías a decir por si me hacías daño.

Seguimos caminando, habíamos llegado a la altura de mi casa, y allí, tú me dijiste que te dejara, te irías sola y ya no llovía tanto. Te pregunté si seguías viviendo en el mismo lugar, y me dijiste que sí. Te dije que te acompañaría, no iba a dejarte sola, no ibas a ir sola hasta tu casa, lloviendo, y por aquellas calles tan solitarias. Sonreíste, dijiste: “Sabía que vendrías. Tú siempre lo das todo por los demás”. Seguimos hasta tu casa, y allí en la puerta del portal, me desperté del sueño.

Locura

04 noviembre 2008

5 Vencidos

Vas por la calle, solo. Miras a tus alrededores, y no ves a nadie. O quizás sea que no has querido verlos. Hace ya varias semanas que acabó tu relación con ella, pero, nada ha cambiado desde entonces no has podido sentir ni un solo instante de alegría, ni un sólo recuerdo feliz ha llegado a tu mente, tan sólo los malos momentos, y como escribió aquel escritor, sentir la crónica de una muerte anunciada.

Apenas has hablado con la gente, tal vez una vez, sí una vez... la recuerdas cómo si esas hubieren sido las últimas palabras antes de quedarte mudo, y de morir en silencio... Fue aquel cartero, cuando subió aquella carta, aquel paquete para ella... Te la dió, firmaste, y cuando pudiste ver que era para ella. Le devolciste el paquete, agachando la cabeza y susurrándole que ya no vivía allí.

Cerraste la puerta, como el aveztruz que esconde la cabeza en la tierra por miedo. Querías ocultarte del resto del mundo, olvidarlo todo y desaparecer. Pero no pudiste... tan sólo te apoyaste en la pared y comenzaste a llorar, golpeaste la pared con impotencia. Y fue entonces, fue entonces cuándo la última foto que te quedaba con ella, cayó al suelo. El marco quedó intacto, pero, los cristales se rompieron, y por el peso de ellos, se rasgó la foto.

Ya todo daba igual... ya nada tenía sentido. Vivir o morir. Morir en vida o vivir con la muerte, todo era lo mismo para ti, para tu corazón, tan maltrecho por el amor como por aquel infarto, que acabó en un marcapasos. Ese maldito marcapasos que nunca dejaba de hacer su peculiar tun tu-tun. El mismo tun que tanta otras veces la había despertado a ella. Pero, ella se lo cayó, no te dijo nada. Mas, tú en sus ojos lo podiás leer, o quizás lo leyeras en sus ojeras, sus cambios de humor al despertar.

¿Qué importaba todo eso ahora? Vuestra relación estaba rota, al igual que aquella foto que estaba en el suelo. No te dió ninguna explicación, pero un día desapareció y no la volviste a a ver nunca más. En tu memoria, ya mermada por tantas pastillas resuena aquella frase que una vez te dijeron: "A veces cuando una persona con marcapasos muere, su corazón sigue latiendo". Siempre dudaste sobre la veracidad de esa frase, pero, hoy, estabas dispuesto a comprobarla.

Cogiste el cristal más grande que había en el suelo, y te fuiste al baño. Por el camino, te lo clavaste en los dedos, y derramaste algunas gotas de sangre, no sentiste dolor, las pastillas te lo impedían. Ya en el baño, frente al espejo, alzaste el brazo derecho, tú siempre fuiste zurdo, algo que irritaba tanto a ella, porque a la hora de comer, chocaban vuestros codos... Con la mano aún dubitativa, te desgarraste el brazo desde la muñeca hasta el codo, y antes de que pasaran más segundos, hiciste lo propio con el izquierdo. No querías que hubiera dudas, ibas a morir.

Encontes... entró ella por la puerta de la casa, nadie le recibió el día que llegó, a él lo llamó y el silencio habló, Cariño, ¿dónde estás? Ya no me iré nunca jamás...


pero, ya era demasiado tarde. Tú corazón aún latía, pero, era preso del marcapasos. No podía hacer nada por salvarte, habías perdido mucha sangre, y las heridas eran demasiado profundas como para taparlas, pensó en los torniquetes, pero, era tarde para ello. Ella que sólo había estado unos días fuera, visitando a los padres, ella que había venido antes de lo pensado porque su instinto femenino se lo dijo, ella que sabía de tu locura, y aún así te dejo sólo. Ella, ella, ella... se maldecía por tu muerte... se maldecía por sus Lágrimas de Dolor...

Obsesión Incontrolable

14 octubre 2008

2 Vencidos



Ella salió de la habitación con su gargantilla dorada. Estaba pletórica con aquel camisón, pero, al llevar la alhaja, sería la presa irresistible para cualquier hombre, o cualquier botones… Acababa de cerrar la puerta y estaba perdida. Su decisión cuando salió de la habitación se había esfumado, se había tornado en miedo…

Tenía miedo de volver a ver la cara de aquel botones, no sabía que le iba a decir. Cómo reaccionaría él, pero sobre todo, no sabía qué cara le pondría. Antes había pasado del asco, al odio, ahora podría pasar cualquier cosa. Pero no podía volver a entrar en la habitación sin hacerlo, ella había sido la culpable de la situación y ella tendría que resolverla.

Miró a ambos lados del pasillo, a su izquierda había un ascensor y a su derecha otro, antes de ellos escaleras, tanto para subir como para bajar. Se miró de arriba abajo, no tenía una vestimenta cómo para estar paseándose por todo el hotel. Pero, tenía que esperarlo a él… su peor pesadilla desde hacía unos días.

Se fue al ascensor de la izquierda, de algún modo tuvo un presentimiento, no sabía si bueno o malo. Pero al fin y al cabo, un presentimiento. Se iba acercando a las escaleras. Empezó a escuchar voces, parecía que otros clientes estaban subiendo, ella para disimular, les preguntó si había visto a algún botones quería preguntarle qué hacer, había perdido la llave. Ellos le contestaron que su botones estaba en el ascensor subiendo hasta la décima planta con sus maletas, y ellos iban a pie. Aquella planta era la tercera. Así que ella, corrió hasta el de la derecha, y subió a la décima planta.

Salió al pasillo, y efectivamente allí estaba él. Cerrando la puerta de la habitación de aquellos jóvenes que se encontró siete plantas más abajo. Al fin estaba frente a él, pero, él no se dio cuenta de que ella estaba detrás suya, caminaba como despreocupado, sin importarle el resto del mundo. Como si estuviera con la mente en otro lugar… Accionó el ascensor y antes de que pudiera subirse, ella lo llamó.

-Ehhh… tú. Chico… -esta vez su voz era más suave que la vez anterior cuando le dio el euro, era más bien cómo una súplica- No sé qué es lo que te pasa conmigo, pero, yo no puedo seguir así.
- -Él no dijo nada, su gesto seguía inalterable, su gesto de odio permanecía inmóvil.
-Quiero aclarar esto. ¿Por qué me sigues? ¿Por qué me haces esto? No sabes el daño que me estás haciendo. –Mientras decía aquello, se iba acercando al ascensor, y entró con él. La puerta se iba cerrando poco a poco, a la par, su mirada iba mutando. Ni asco, ni odio, sólo deseo en sus ojos, lujuria en su rostro y pasión en su cuerpo. Aquel era el momento y el lugar que él había estado buscando para colmar su deseo.

Ambas respiraciones se volvían más rápidas e intensas, pero, por diferentes motivos. Ella por miedo, él por deseo. El deseo de hacerla suya, de violarla en aquel mismo lugar. Se acercó a ella. Asustada, retrocedió varios pasos, pero, se topó con la pared, él seguía acercándose, le cogió de los brazos, ella lloraba, suplicaba que parase… que no la mirase… pero él seguía. A pesar de ser tan poca cosa aquel botones tenía una fuerza descomunal, la tenía paralizada.

Le consiguió desnudar, le tiró el camisón al suelo. Ella lloraba desconsolada, indefensa, él sólo pensaba en violarla… Fue a desabrocharse el pantalón, la dejó libre unos segundos, y ella aprovechó para desabrocharse la gargantilla y asfixiarlo contra la puerta del ascensor, por primera vez desde que llegó allí, las cosas iban corriendo a su favor. Él gritaba, sus ojos suplicaban perdón, pero, ella estaba poseída, no podía dejarlo escapar, había intentado abusar de ella, y no se saldría con la suya…

Segundos después, el botones dejó de gritar, y de hacer fuerza. Había muerto, había muerto a sus pies. Se abrió la puerta del ascensor, se vistió, y fue a su habitación con aparente serenidad, pero sin su collar. Todo había cambiado, pero, sólo ella lo sabía. Se dirigió a la habitación con su marido.

La Joven de Los Caracoles

12 octubre 2008

4 Vencidos

Era una lluviosa tarde de invierno, estaba en la casa del campo, con mi hermana y mi abuela. Mis padres no recuerdo dónde estaban, quizás, en el pueblo con mis otros abuelos, al llover, en el campo no podían trabajar, y pudieron aprovechar el momento. Yo, al no tener que estudiar, decidí jugar un poco a la consola.

La tenía montada, delante de la tele, y me dispuse a jugar, escasos segundos antes de empezar la partida, se escuchó un coche que se paró en la puerta, extrañado, mi hermana me dijo que me asomara a ver quién era. Eso fue lo que hice, y al salir al pequeño porche, resguardado de la lluvia por un pequeño tejado de latón, vi una mujer. Alta, delgada, y morena con el pelo corto, en la oscuridad no pude distinguir muchos más rasgos.

Tras eso, empezó a hablar preguntando por la casa de “Antonio” en ese momento comprendí que no era española, a pesar de estar en el campo, había varios Antonios en los alrededores, cómo pude le expliqué, ella, casi por señas me decía que buscaba un lugar con la tierra llana, sin mucho desnivel. Yo, le dije, dónde se podía encontrar eso en alguna parcela de algún Antonio.

Para ir andando estaba cerca, pero, para ir andando y lloviendo estaba lejos, ella me preguntó si podía acompañarla, quería verlo. Yo, le dije que sí, mis impulsos son así, impulsivos y sin razón. Siempre me habían dicho mis padres que no hablara con desconocidos y mucho menos que me fuera con ellos en su coche, pero, mis impulsos son irrefrenables. Tras decirle que sí, entré en la casa, y me puse unos deportivos, al porche había salido con las zapatillas.

Me subí en su coche en el asiento del copiloto, bajo la luz del interior del coche pude ver más rasgos de ella, su cara, sus ojos, su figura… No parecía demasiado mayor, menos de treinta, los ojos eran oscuros, no parecía extranjera, pero su forma de hablar sí. Y su figura, carecía de curvas insinuantes. Pero, aquella joven me estaba empezando a gustar… Otro impulso más de los míos…

Dentro del coche, y una vez en marcha, le fui explicando cómo llegar, antes de llegar, ya había escampado, pero, aún así, en un carril de tierra, ir con el coche podía ser peligroso, por tener que dejar el coche atascado en el barro. Así que le comenté la posibilidad de ir andando hasta el lugar, evidentemente por el barro. Entonces, ella dijo, “menos mal que tengo zapatos viejos”, y yo, pensando… “Pues yo tengo los nuevos”.

Seguimos hablando, y llegamos a aquel lugar que le propuse en un principio, pareció gustarle, decía que tendría que hablar con Antonio. Tras eso, volvimos al coche, y de camino hacia mi casa, nos detuvimos en otra casa, ahora de extranjeros amigos míos, y por lo que vi también de ella, pero, antes, hace muchos años, la casa de una tía mía, que se la vendió a esos ingleses.

Allí, tomamos algo, y volvimos a irnos a mi casa, por el camino, en el coche, me preguntó si yo sabía conducir, y le dije que no tenía la edad suficiente para conducir, aquí en España, eran dieciocho, y yo, tenía diecisiete, estaba en proceso de sacarme el teórico. Ella sonrió, y me deseo suerte… Yo sonreí y asentí con la cabeza. Le miré a los ojos, y ella también sonrió.

Antes de llegar a mi casa, hay una pequeña era, ya en desuso para moler el trigo y los cereales, pero, en uso para un parking improvisado de coches, por la noche, aquel lugar estaba oscuro, pues, a pesar de estar en medio de todas las casas, ninguna le iluminaba, ni se podía ver directamente desde las casas, había que salir al camino para ver. Entonces, yo le dije a ella, que, si quería, podía dejar allí el coche y yo volvería a mi casa andando. Eso fue lo que hizo.

Aparcó allí, se quitó el cinturón, y yo también. Hice un gesto de abrir la puerta, pero, gracias a mis impulsos, me giré y le besé. Ella, también a mí. En aquel pequeño coche, en aquella pequeña era, dos desconocidos, con edades muy dispares estábamos dando rienda suelta a nuestras pasiones. A nuestro deseo, a nuestra lujuria… Dos desconocidos pero, un mismo sentimiento en aquel coche, en aquella lluviosa tarde de invierno.

Esta Noche...

13 septiembre 2008

5 Vencidos

No sabía la razón pero algo dentro de él le decía que debía ir al centro comercial. Quizás fuera porque escuchó su voz diciendolo, o porque de verdad necesitaba renovar el vestuario. No lo sabía... Pero, cómo se suele decir, se vistió con la ropa de los domingos, y fue al centro comercial.

Estaba solo, solo rodeado de gente, extraños que no se percataban de su mirada perdida en el horizonte de aquellas tiendas buscando los ojos de su enamorada. Sabía que lo más seguro era que no la viera. Era casi imposible, pero no imposible, su premonición debía de ser por algo. Buscando entre miradas, no la vió, pero, en los ojos de sus "compañeros" vio algo que le impactó.

A pesar de cruzarse con decenas de miradas, en ningunos ojos pudo ver el brillo de los enamorados, aunque muchos cuerpos de esas miradas iban unidos a otros cuerpos, tan sólo pudo ver en sus ojos unas ansias consumistas. Bolsas llenas de compras, tiendas de ropa, de zapatos, de móviles... Y, en su cartera, en su bolsillo, apenas cinco o seis euros, si le restaba el euro del autobus de vuelta a casa, aún menos.

Tenía bastante claro que no podía comprar nada, y un poco claro que no quería comprar nada. Quizás al verse rodeado de toda aquella gente, todas aquellas miradas incitándole a comprar, o otra corazonada que le llevó a entrar a aquella tienda. Una tienda de ropa, nueva en aquel cemtro. Aunque claro, esa novedad era relativa pues él llevaba cerca de un año sin ir por allí.

Allí dentro, lo primero que vió fueron dos dependientas, bastante guapas, pero ninguna era ella. Y, por lo que estuba viendo allí, no se pararía a buscarla, pues, sólo había ropa de chica, y a pesar de ser el sitio propio para verla, no era el lugar más adecuado para que se quedara un chico solo, y sin novia. Siguió dando una vuelta por allí y anetes de salir, a lo lejos quiso distintuir algo de ropa de chico.

Se acercó y, efectivamente, aquella era la sección de ropa masculina. Parecía que había ropa interesante, pantalones vaqueros, camisas, camisetas... y él sólo tenía para gastar cinco euros... por muy baratas que fueran no le llegaba el dinero. Lástima. Y, tampoco podría ir a casa a por más y volver, era demasiado tarde, ya era noche. No le importó demasiado, pensó que podría probársela e ir otro día a por ella.

Cogió la camisa que más le gusto, y se acercó a un probador. Entro rápido al probador, ni siquiera le dió tiempo para comprobar si había alguien o no. Y por desgracia, había alguien, podría haber sido el azmereir de los amigos de aquella chica, y se expulsado de la tienda por desorden público, pero no pasó nada de eso. La chica que estaba dentro, en aquel momento, por suerte o desgracia, vestida era ella, la que hbía estado buscando todo el día.

La cogió por la cintura, soltó la camisa en en el suelo, la pegó a su pierna, a su sexo... Ella suspiraba, se le acercó a los labios decidido de besarla, de hacerla allí suya. Y... le dió dos besos en la cara.
Ambos se quedaron paralizados, pero sobre todo ella, que sólo pudo decirle:

-Lástima, esta noche no me hubiera arrepentido de nada...

El Viento Gris, Me Visita

15 julio 2008

6 Vencidos

Sábado 12 de Julio por la noche, alguna hora entre las 00:00 y las 06:30. En algún lugar de Las Mayoralas, se ha despertado, ha llegado... Viene en mi búsqueda, y yo, en aquel momento no lo sabía. Me despertó, era él, no hay duda. Un viento inusual, un viento demasiado fuerte azota esta pequeña aldea a orillas del Pantano de La Viñuela.

Los perros ladran desesperados, nunca los había escuchado de ese modo... Tengo miedo, los cristales resuenan, parece querer romperse, el viento entra en mi habitación... siento el frío y la desesperanza... Haciendo de tripas corazón, me levanto, me acerco hasta la ventana, y la cierro. Ahora el viento se quedará en la calle, y yo, estaré tranquilo. Todo parece normal, intento retomar el sueño... pero, por extraño que parezca, el viento ha desaparecido, y a pesar de la tranquilidad, siento una extraña angustia en mi pecho.

Sí... en ese momento no hay duda, el mismo viento que azotaba el exterior ahora azota mi cuarto, asustado intento encender la luz, pero, la bonbilla da un estallido, y rebienta, estoy a oscuras. Abro los ojos y no veo nada, la luz de la calle, también ha desaparecido. Desesperado busco el móvil en la mesilla de noche, tampoco está allí... ¿Qué está pasando? ¿Por qué tiene que sucederme todo esto cuando estoy sólo en casa? Estoy asustado... quiero morirme, no me atrevo a salir de la cama a oscuras, mis ojos lloran... mi voz suplica...

En un instante se para el viento... siento un leve suspiro en la nuca, ahora en la oreja... me susurra al oído... me dice su nombre. Ya sé quién es, pierdo el miedo, al fin llegó, nunca me imaginé que actuara de una forma así... Es El Viento Gris de Pier. ¿Qué quieres de mí? ¿Es esta la forma que tienes de inspirarme? ¿Es este todo tu potencial...? ¿Por qué has venido así?

Aquella noche estuve, lo que quiso parecerme varias horas, hablando, conversando, aprendiendo, creciendo con El Viento Gris, hasta que llegó el amanecer, era la hora, las 06:30, había sonado la alarma del móvil antes desaparecido... tenía que levantarme e ir a la obra, me esperaba un día duro, tras una noche, aún más dura, en la que no sé si fue real o un sueño. No sé que fue realmente lo que acontenció en mi habitación... de lo único que estoy seguro es que esa noche, no estaba solo...

Algo me visitó, algo me susurró, y luego me calmó... ¿Quién? Aún no lo sé... pero, quiero creer que fue él, su viento, su viento gris...



El viento fluye entre tus manos...
La vista alcanza el horizonte que quedó atrás
Tal vez no encuentre un camino donde andar
Pero si algo veo en mi mente es que en ti puedo confiar
Y sueños me has abrazadoal tiempo has desafiado...
... tal vez volemos hoy...

Perseguir Un Sueño

12 julio 2008

8 Vencidos

-Hola, quiero comentarle una cosa. –dijo él a una joven que vio por la calle.
A ver, dime.
– le respondió ella.
-Pues, verá, le parecerá raro, y puede que se asuste, o incluso que me tome por loco… Dime ya lo que sea, y deja de intentar ligar así conmigo, no te va a servir.-Hace algún tiempo soñé con un cuerpo, creo que ese cuerpo, y esa persona es usted. Deja de llamarme por usted, tendré tu edad. Y no me asustes con el sueño. –
dijo ella algo exaltada.
-No, si no pretendo asustarte, simplemente, que he tomado la decisión de hablarte, me pareció raro que una persona que sólo existía en mis sueños se hiciese realidad… Nada más.
Bueno, ¿y ya que soñaste conmigo, que pasaba en ese sueño?
-Pues, en el sueño, sin saber porque yo iba por la calle, te vi a lo lejos, y me gustaste, luego en un impulso te cogí de la cintura, te acerqué a mí, y te besé.
¿Qué hiciste qué?
-Pues eso que la besé, y luego te quedaste a mi lado mirándome de una forma un poco sorprendida, pero me cogiste de la mano, y me llevaste a un rincón un poco más apartado y…
–seguía explicando él.
Déjalo, déjalo puedo imaginármelo. Y la verdad que sí, que estoy un poco asustada. Pero bueno, si fue un sueño, podría ser cualquier persona parecida a mí…

-Sí, eso sí. Incluso puede que mi subconsciente, haya hecho que crea que eres tú.
Y ahora que me has contado el sueño; ¿Qué quieres que haga, o qué creías que pasaría?
-Sinceramente, no sé, si apenas hará un par de minutos, ni siquiera tenía pensado hablarte, y mucho menos contártelo todo.
Bah… yo me voy, que te vaya bien chico… te falta algo.
-¡¿Y qué?! Por lo menos dime tu nombre, ¿no?
¿De qué te servirá? ¿Dime soñarás con una desconocida que se parece a mí y se llama como yo? No… prefiero que dejes de soñar, que hagas tu sueño realidad, ¿por qué en vez de contarme todo esto no me has agarrado, y has actuado cómo en el sueño? Te falta valor, aún te queda mucho por vivir. La vida es dura, y si estamos aquí es por un motivo, tenemos que luchar por nuestros sueños.
-Ya… si yo lucho, pero a mi estilo.
–dijo él intentando defenderse.
No es suficiente, la vida tiene sentido por nuestros sueños, y debemos luchar por ellos, aferrarnos hasta que lo alcancemos. Si los dejamos antes no tendrán sentido, lo único que importa es realizarlos.
Tendrías que haberme cogido por la cintura, y haberme besado, yo te habría seguido, pero, ahora, te quedas ahí, no supiste luchar, y esa marca la llevarás siempre.
dijo ella mientras ocultaba su cuerpo entre el resto de viandantes.



La vida sin luchar por los sueños no es nada, sólo mera existencia. Algunos, pueden llamarte loco, necio, pueden decir que nunca llegarás a conseguirlo, que sólo perderás tiempo, dinero, amigos, años, pero, tú debes ser consciente y fiel, debes entender que no hay nada más hermoso y agradable que ver un sueño alcanzado.

Sólo Una Vez Más

08 julio 2008

6 Vencidos

Aquella noche todo cambió entre los dos, ¿o quizás sería entre los cuatro? Su relación nunca estuvo bien vista por los padres de ella, y mucho menos desde aquel accidente que casi acaba con su hija, o, para él, acabó. Poco recuerda que aquel día, tan sólo una discusión, una de tantas, que no tendría nada de especial de no ser porque la última entre los dos.

Meses atrás, su relación era envidiable, sentían un amor que, parecía nunca acabaría, eran envidiados por sus amigos, los vecinos del pueblo, en realidad por todos menos por los padres de ella, que nunca lo vieron como un buen yerno, nunca quisieron pensar que el amor que él sentía por su hija fuese real, hasta tal punto que malmetieron, engañaron, y mintieron a su propia hija, diciéndole que su novio había sido visto besándose con otra, que le habían visto tomar drogas, y cosas aún mucho peores, entre ellas la prostitución.

Al principio ella parecía inmóvil ante aquellas falacias, pero, cada vez eran más continuadas, hasta que llegó ese día en que no pudo más, y empezó a hablar con él sobre la veracidad o falsedad de todo aquello. Desde ese día, cada vez que estaban juntos eran para pelearse, peleas infundadas, luego, peleas por simples celos de las dos partes, peleas sin sentido, y sólo para borrar todas aquellas señas de amor.

Un amor que acabó aquella noche, en aquella carretera. Él no había bebido, a pesar de que los padres de ella le acusaban de alcohólico, él a duras penas soportaba el alcohol, y sólo bebía cuando se sentía obligado por sus amigos, pero, esta vez no era una de ellas. Conducía el coche todo lo bien que sabía, todo lo bien que pudo, sus años de experiencia hacían impensable que tuviera un accidente por aquella carretera, tan recta, sin otros vehículos, bien iluminada, y sobre todo, conocida.

Todo parecía que jugaba a su favor; salvo un simple hecho. Ella estaba en el asiento del copiloto, no estaba sólo. Tenía a alguien que podía ayudarlo, pero, en este caso, distraerlo, con sus peleas, con las mismas declaraciones de siempre. Él había pensado en cortar con ella de una vez por todas, y esta vez, esa noche sería la definitiva, se lo diría. Pero, la discusión que llevaban, no sabía por qué motivo, se caldeaba por segundos, ella empezó a elevar el tono de voz. Él también.

Por ello, giró la cabeza, alzó la voz, le pidió silencio, y ella sólo gritó: Nos matamos… mira la carretera. Cuando reaccionó fue demasiado tarde, intentó pisar el freno pero sus piernas no reaccionaron, estaba paralizado por el miedo. El coche iba dónde él quería, ella intentó coger el freno de mano, pararlo de algún modo, pero, no pudo, no le dio tiempo, el coche volcó en aquella curva, la curva inmediata a la casa de ella, al lugar elegido para la confesión…

No sabría decir cuánto tiempo pasó hasta que llegaron los primeros auxilios, él había estado inconsciente, y ella, aún seguía dentro del coche. Cuando él fue rescatado, sólo gritaba su nombre, Lucía. Lucía resiste, te amo… Perdóname, no te mueras. Lucía. Te necesito a mi lado. Pero, todo era inútil, ella estaba dentro del coche, y los bomberos trabajaban contrarreloj para, con mucha suerte, conseguir sacarla con vida. Pero, sospechaban que todo era imposible.

Pasaron varios días, hasta que él consiguió salir de aquel hospital, no hubo ni un solo momento en que no preguntara por ella, por su luz, Lucía. Pero, no conseguía ninguna respuesta, nadie sabía nada de ella, él sospecho que estaba muerta, sospecha que se confirmó cuando, una tarde, la primera tarde que salió de aquel hospital, cogió el coche y fue a su casa, le preguntó a los padres de ella. Él, por desgracia, o por fortuna, desconocía el odio que estos tenían hacia él, por eso, al verlo allí, vivo, sin rasguños aparentes, al padre sólo se le ocurrió decirle que su hija había muerto, él la había matado.

Él, no musitó palabra, y como vino se fue. En el coche, sin despedirse, sin ninguna mueca de dolor, ella había muerto por su culpa. Y él, estaba vivo este mundo no era justo, él merecía morir y ella vivir, ¿por qué no fue así? De nuevo en aquella curva, paró el coche, y se asomó al lugar del accidente, estaba confuso, quizás, si él también moría, habría paz en su corazón; pero, ¿qué sería del resto de su familia? Daba igual, no importaba, sólo quería amarla una vez más, sólo una vez más. ¿Tan difícil era de entender?

Iba a hacerlo, iba a subirse al coche, tirarse por aquella curva, morir dónde ella. Era duro, pero, poco importaba la vida si ella no estaría a su lado. Se subió en el coche, introdujo la llave, la giró con sumo cuidado, pisó el embrague metió primera, levantaba el embrague a la par que el acelerador, el coche empezaba a moverse, metió segunda, tomaba velocidad, tenía escasos segundos para cambiar a tercera, y menos aún para coger la suficiente velocidad para morir allí.

Pero, una voz, rompe todos sus esquemas. Unas palabras de Lucía, a lo lejos se escuchan, como un leve recuerdo, como una reminiscencia de otros tiempos. Víctor, no mueras. Víctor, te necesito a mi lado. Frena el coche, estoy aquí a tu lado. Al escuchar aquello, frenó el coche en seco, pero, no lo suficientemente rápido como para evitar el impacto contra el guarda raíl, un guarda raíl que no existió la primera vez de su accidente. ¿Por qué había parado el coche, si Lucía estaba muerta, qué importaba todo? ¿Cómo había escuchado su voz? ¿En realidad era un simple recuerdo? No, no podía ser, sonaba tan real, tan desgarradora, tan única…

Quizás, no debería morir, debía permanecer vivo por ella, pero, en aquellos momentos la vida lejos de Lucía carecía de sentido. Un golpe, luego otro, y cada vez más, sonaban en su ventana, una voz, la voz de Lucía volvía a sonar en su cabeza. Gracias, gracias a Dios has podido parar el coche. Víctor, te amo. Esta vez la voz estaba más cerca, los golpes en la ventana más intensos, y cuando por fin se dignó a girar la cabeza, allí estaba ella. Aún con claros signos del accidente, el brazo roto, la cara con varios cardenales, y ella vestida con un pijama, el pijama de estar por casa.

Empezó a llorar, si estaba allí significaba que no estaba muerta, se había salvado, y lo amaba…

El Secreto

23 junio 2008

10 Vencidos

Aquella mañana me levanté temprano, sobre las 8 para estudiar, pues se acercaba la época de los exámenes, y tenía que hacerlo; como siempre me senté en la silla blanca, y la mesa de cristal sería, como tantas veces, mi escritorio no tan improvisado. Frente a mí, el portátil para poder escuchar música y leer los ejercicios, a mi derecha, una cama, y a mi izquierda, la otra dónde yo dormí. Y al lado de esa cama a la izquierda, una ventana que da al exterior, por donde entra el sol, y puedo ver los leves cogollos de los olivos de un familiar.

Nada de aquella mañana escapaba al azar, tantas otras veces había actuado de esa forma, que sabía justo lo que pasaría, sabía dónde tenía que poner los apuntes para que no me molestaran con el portátil, dónde poner el flexo, por si hacía falta, y sobretodo sabía que no pasaría nada extraordinario… Pero, el azar es muy inestable, y hubo algo que me sacó de la rutina. Se me cayó el lápiz, y fue a parar debajo de la cama. Me agaché, y sin razón alguna di un porrazo sobre una de las losetas, una de las tantas losetas de mi habitación, sin diferencia alguna respecto al resto, tan sólo en las marcas de, lo que quiero suponer, granos de minerales.

Pero, aquella baldosa, sonó hueca, al principio no me extrañó, a pesar de haber hecho obras en la casa, el suelo de mi habitación, como el del resto, había permanecido intacto sin tocar, y podría ser que alguna losa estuviera suelta, o mal pegada han pasado muchos años desde que se construyó esta casa. Volví a pegar en la losa para asegurarme que estaba despegada, a mi cabeza vino aquel recuerdo de cuando era pequeño, cuando hicimos obra, muchas losas del salón tuvimos que quitarlas para cambiar el suelo por otras, y como pude empecé a quitar aquella baldosa, era mucho más entretenido que estudiar.

No sin esfuerzo conseguí arrancarla, y efectivamente estaba despegada, pero había algo más. Debajo de los cuatro o cinco centímetros de grosor de la baldosa, lejos de haber una dura capa de hormigón, cemento, o cualquier material que se utilizara cuando se construyó esta casa, había un hueco de unos diez por diez centímetros de ancho, y de una profundidad que no alcanzaba a ver, al estar prácticamente a oscuras debajo de la cama. En un principio pensé que podía ser el hueco dónde la profesora que habitó aquí hace cuarenta años escondía sus leves ahorros, o quizás, fuese el cura de la capilla, o, si lo tuvo el marido de la profesora, no sabía de quién sería, ni para sería aquel hueco.

Los estudios se habían olvidado por completo, pero, de repente pensé que quizás habría algún insecto, o peor aún, una serpiente que morara ahí en las noches de frío. Fui a coger la linterna de mi padre, pero, por desgracia, aquella mañana tuvo que ir a la obra temprano, y se la llevó porque cuando se fue no había siquiera amanecido. Tuve que esperar a que viniese a desayunar, por si acaso, volví a tapar el agujero con la loseta, y dejé ahí encima la goma de borrar, la curiosidad me invadía, y no podía dejar de pensar en que habría dentro del agujero, pero sin linterna me era imposible, dado mi miedo, buscar dentro de ese hueco.

Por todos es sabido que la curiosidad mató al gato, y yo, no iba a ser menos que un gato, por suerte para mí, en mi casa hay más de una linterna, cierto es, que algunas, como la que cogí, no alumbra demasiado. Volví a mi cuarto, y cerré la puerta, no quería que mi madre, o mi padre aparecieran de repente y me encontraran allí debajo, mi hermana seguía dormida, y tardaría en levantarse, siempre lo hace. Esta vez, me costó bastante menos levantar la losa, estaba claro que la otra vez llevaba años, muchos años sin levantarse, o eso quería creer.

Cuando pude ver lo que había allí dentro de aquel hueco, de una profundidad, alrededor de 15 o 20 centímetros, me llevé una gran sorpresa. No había nada. Simplemente un habitáculo vacío, y yo esperaba algo, un papel, una nota, dinero de hace tiempo, algo... hasta un insecto me hubiera gustado más que no encontrar nada. Pero, claro, era muy difícil que ese hueco estuviese hay intacto desde la época de la profesora y nadie de mi familia lo hubiese notado, era mucho más lógico que no me hubieran dicho nada y ese hueco hubiera sido usado para algo más, algo que nunca llegaré a saber.

Estudios

12 junio 2008

10 Vencidos

Llevaba dos meses sin apenas salir de su cuarto, sólo unos momentos para comer, y ducharse, y desde el último mes para los exámenes del último año de arquitectura. Desde joven, desde que llegó por primera vez al instituto había estado estudiando mucho, sin parar, sin tener tiempo para relacionarse. Al llegar al IES, dejó a sus antiguos amigos, algo, que suele pasar a menudo, pero, el problema no fue ese, sino, que no hizo otros nuevos, no tenía tiempo. Tenía que estudiar. Tanto estudiar al final tu premio, los profesores del IES, incluso los más antiguos, no recordaban un alumno tan brillante.

Al llegar al bachillerato, ya tenía muy claro lo que quería estudiar, sus padres, sus hermanos mayores, sus tíos, sus primos, sus abuelos, todos los de su familia le decían que estudiara arquitectura, y él, pues, nunca dijo que no le gustase, y siempre asentió, hasta el punto de llegar hasta a amar la carrera. En bachillerato, y en selectividad lo sacó todo matrícula de honor. Todos estaban orgullosos de él, y él, pues estaba cansado de tanto estudiar para el final de bachillera y la selectividad. Quería pasarse el verano descansando con los amigos, pero, no tenía ninguno. Los perdió a todos por los estudios.

Pero, en el fondo, le daba igual así tendría más tiempo para centrarse en la facultad, y su futuro. Aquel verano pasó, sin amigos, pero, al fin y al cabo, ¿quién los quiere sólo son un impedimento para avanzar, para escalar en la vida?, pensaba una y otra vez. Llegó a la universidad, aquello era mucho mejor de lo que imbaginaba, pero, no tenía tiempo para disfrutar de todo, la época de los buenos momentos de estudiar poco habían acabado, ahora tenía que estudiar mucho más, y no tendría la oportunidad de descubrir aquello. Ni de buscarse una pareja que le amara, ni nadie que se preocupase por él.

Y ahora, habían pasado todos los años, con las mejores nota de su promoción, y algunas veces hasta el mejor de la historia de la facultad, pero, esas fueron menos... En definitiva, ya había grandes empresas privadas, y otras estatales para las que había trabajado de becario en los últimos veranos, en cuanto acabara ese exámen ya tenía sitio en una empresa de gran renombre internacional. Pero, claro, tendría que acabarlo... Toda su familia estaba pendiente a la llamada que dijera que ya había hecho el examen, y cómo él siempre decía, que le había salido mal...

Pero, las horas pasaban, y cada vez más minutos, lo que solía tardar en hacer el examen, al principio, su familia, pensó que como era el último, quizás quisiera esmerarse más de lo que lo había hecho en toda su vida, algo difícil, o que se quedaría hablando con los prodesores, sus únicos amigos desde que pisó el fatídico instituto. Pero, los minutos, los segundos, eran demasiados para seguir sosteniendo esa hipótesis, algo había pasado. Y sus sospechas se confirmaron cuando recibieron una llamada de la universidad, era el profesor que tenía que hacerle el examen. Les dijo que su hijo no había aparecido por allí, si ellos sabian que le había pasado.

Tras, las pertinentes explicaciones, por ambas partes, la madre decidió llamarlo al móvil, ¿porqué no lo habré hecho antes?, pensó. Pero, su sorpresa fue mayúscula, el móvil de su hijo estaba sonando en la casa, no puede ser... Me habré equivocado, pensó, habré llamado a su hermano; volvió a marcar, y volvió a sonar el teléfono. Esta vez no había duda, su hijo no se había llevado el móvil, ni los libros, ni los apuntes para el exámen... Sin embargo, había una pequeña nota... algo borrosa, como si la hoja hubiera sido mojada por leves gotas de agua. Pensó en si debía cogerla o no, pues no le gustaba que tocaran sus cosas, siempre fue un poco iracuando, y solitario, por eso no le dolió, tanto, el no tener amigos. Pero, la madre sintió una corazonada y tuvo que leer...

Desde que entré en el instituto no fui dueño de mi vida, perdí toda unión con el mundo exterior, sólo importaban los libros. Ese fue el modo de pensar que me eneñásteis, y hoy, acabaría ese día. Mañana todo sería distinto, no tendría que estudiar más... Y al fín sería libre... Pero, no quiero esa libertad, estoy acostumbrado a vivir entre libros, y ese es mi única vida. Esa fue mi única vida... mañana no seré...
Siento mucho no haber acabado esta carrera que tanto os gustaba, siento mucho no ser ese hijo que trabajará en Estados Unidos y Japón... A partir de ahora, sólo seré un recuerdo.

Bohemio

06 junio 2008

7 Vencidos

Era tarde, muy tarde, las calles estaban vacías, y él, sentía la soledad en su corazón. Había pasado toda su juventud junto a ella, y ella ahora, se había deshecho de él como si sólo fuese un bolígrafo usado al que ya no extraer más tinta. Como si fuese aquel bolígrafo, aquel día de Mayo, en la clase de Ciencias Sociales, ese boli que se le cayó a ella, y él se lo dió... Desde aquel día habían estado juntos, y ahora se separaban como si no compartieran recuerdos en común...

¿Y todo porqué? Todo por ese chico, ese que conoció cuando salió con las amigas. En diez años nunca habían estado separados, nunca se habían peleado, ni siquiera, fijado en otras personas. Todo era perfecto para ellos, hasta aquel día... Ahora, él estaba sólo, y ella acompañada; él sentía el frío de las noches de verano, y ella, el calor. Esa calor que tantas veces tiempo atrás disfrutraron juntos, y ahora sólo quedaba el amargo sabor del recuerdo.

Caminaba solo por las calles, sin rumbo, sin ilusión por llegar a ninguna parte, en su espalda podía sentir el peso de la alegría, ahora desipada a la sombra de un desamor. Caminaba como aquel que sabe que su hora a llegado, y ya no hay marcha atrás, pero, él no iba a la horca, no iba a la silla, sólo venía del Cielo, y iba camino al Infierno, un Infierno del que difícilmente podría salir... Sólo podría sacarlo una persona, y esa persona, estaba en el Cielo, muy lejos de allí...

Era una noche de sábado, las calles llenas de gente, pero, él solo, vacío... Su alma desesperada, y sus ojos, cansados de tanto llorar, llorar, por un amor insalvable, y muerto sin razón alguna. Demasiada gente, demasiados locales en los que abandonarse a beber, y olvidar las penas... Sigue andando, aún más lejos, cada vez, menos gente por la calle, los lugares, más oscuros. Al final, acabó entrando en el local más solitario, que encontró, no había nadie en la calle esperando, ni en los alrededores, al abrir la puerta, siente como si moviera el mundo entero, tras días de llanto y desilusión, no tiene apenas fuerzas.

Pero, al entrar allí, una niebla densa carga el aire, distingue algunos ojos entreceñidos, parece ser que no es bien recibido... A duras penas puede respirar en aquel lugar. Los ojos entreceñidos se clavan en él, asustado, mueve su mirada lentamente, hacia lo que quiere creer que es la barra de aquel bar, pues el humo, apenas deja ver. Por primera vez desde que entró allí, ve dos ojos sin entreceñir, parecen sonrientes, alegres... como de una mujer. Por instantes, es como si el humo desapareciera.

Esos ojos se acercan, ve que es una mujer, una mujer hermosa, la luz de su corazón, antes apagada, ahora vuelve a brillar, no lo puede creer, mientras, unos labios le besan, le hacen suya, se apoderan de él... Todo ha cambiado, todo ha resurgido...

El Encantamiento...

12 mayo 2008

8 Vencidos

Está oscureciendo, ella debe marchar si no quiere que su joven amado la descubra… Cada día durante cientos de años el mismo ritual, pero, cada día un lugar distinto, cada día buscando el amor en ese joven, o quizás, en aquel. Un joven que, por ahora, aún está por llegar. Ese joven que rompa el hechizo, aquel, que la ame por lo que es, y no por su cuerpo. Algo difícil, en ella, pues, su cuerpo es el deseo de todo ser, ya sea hombre, o mujer, y por las noches, cualquier animal.

Su pelo rubio cual espigas de trigo, sus bucles perfectos, su suave tez blanquecina, inspiradora de paz, y resplandeciente de pureza… Sus ojos verdes como el campo en primavera, esos ojos con leves tonos persas, sus labios color carmín, que incitan de una forma sobrenatural al deseo… Sus brazos desnudos, esos brazos en los que cualquier mortal sueña estar atrapado, para así, estar más cerca de aquellos pechos. Esos pechos en los que han soñado dormir tantos amantes, y hasta hoy, ninguno lo ha conseguido. Esa cintura que tantas manos han rodeado, y les ha resultado tan difícil separarse, pero, al tener frente a sí la feminidad de la dama, prestos lo han conseguido.

Muchos la juzgaron por su forma de vestir, por llevar siempre ese vestido de seda lívida, ese vestido traslúcido que, nunca dejó nada a la imaginación, por eso, los hombres durante muchos años temieron tener sexo con ella, por si, acababan los dos en la hoguera, pero, algunos intrépidos, o quizás, locos, que no les importaba morir por pasar una de las mejores mañanas de su vida, lo consiguieron, pero, nunca en ciudades, siempre en bosques, esos bosques en los que según decían los ancianos del lugar, por las noches habitaba un ser feroz, que se alimentaba de almas.

Sólo unos pocos se aventuraban a decir que ese ser era un lobo, y por más expediciones de cazadores que hubo en la zona, antes conocida como, Al-Ándalus durante cientos de años, ninguno consiguió matarlo, sus aullidos eran su marca, y sus pisadas, la guía de los cazadores, pero, nunca ninguno llegó a alcanzarlo con una bala, todos, por alguna extraña razón, se quedaban paralizados al ver los ojos de aquel animal. Por ello, muchos murieron en las zarpas de ese animal, otros, corrieron mejor suerte, y quedaron con vida. Pero, cuando alguna de esas expediciones pernoctaba, y llegaba el alba, siempre había un cazador que decía que había encontrado a una joven malherida, con unos ropajes de seda, y había sucumbido al deseo, haciéndola suya en aquellos bosques.

Tras, aquellos actos de lujuria descontrolada, se quedaban dormidos, y, al ser descubiertos por sus compañeros cazadores, no le creían, y llegaban, incluso a acusarle de sacrilegio contra la Iglesia… Mientras tanto, la joven desde lejos observaba la escena, y, se distanciaba en busca de otro poblado, en busca de un amante que la ame por lo que es, y no por cómo es. Algunos, endulzaban sus oídos con bellas palabras de amor, amor eterno, pero, en el respaldo del hogar, antes del anochecer, intentaban consumar sus palabras, todos los conseguían, pero, sólo una vez…

Llega el crepúsculo, debe marchar, pero, ese joven, necesita más de su ser… No puede evitarlo, cree estar enamorado de ella, ella sabe que no, y le suplica que la deje marchar… Él, no la deje, y la sujeta fuertemente de los brazos, ella, llora suplica marchar, pero, él no escucha, no obedece, está disfrutando, está consagrando su deseo… En aquel momento no hay nada que hacer… las manos de la joven se convierten en zarpas de un pelaje grisáceo, unas uñas finas, su melena rubia, también se oscurece en un color gris. Y los rasgos de su cara se tornan en rasgos de lobo, de la antigua joven de cabellos rubios, y grandes senos, sólo quedan sus ojos persas, pero, consumados, por un fuego en el corazón, el corazón del lobo. Él chico no da crédito a lo que ve, e intenta huir, pero, ella no está dispuesta a dejarlo marchar… ahora que sabe su secreto, no puede escapar… debe perecer allí.


Ahora, es ella la que debe marchar, en busca de ese amor, sin importar hombre o mujer, ese amor puro y sincero que le devuelva a la vida, ese amor, con el que de una vez por todas, podrá contemplar el anochecer… ¿Serás tú?

Adelanto (VI)

14 abril 2008

6 Vencidos

Esta mañana me desperté con una extraña sensación en mi corazón, pero no le he dado mucha importancia, ahora voy a bajar a desayunar algo, tengo hambre. Cuando salí de mi cuarto, no me dió tiempo a desayunar, mi madre me dijo que había una carta para mí debajo de la puerta, sin remitente y sin sello. Le pareció extraño, pero no la abrió. Al dármela, la abrí, y vi que estaba firmada por él. Me dió un vuelco el corazón, y volví a sentir esa extraña sensación del despertar, en ese momento lo comprendí, era la misma sensación de cinco años atrás cuando al despertar no estaba él. Pensé, que todo volvía a empezar…

Volví a mi cuarto, para leerla con una mezcla de ilusión, y desilusión. Las primeras palabras que leí, me hicieron mucho daño, por un segundo pensé en dejar de leer, y hacer como si nunca la hubiera visto, pero algo dentro de mí me obligaba a seguir leyendo. Cada vez me quedaba más sorprendida, recordaba cada momento, cada sensación, cada instante, de aquel primer año de carrera, esa carrera que ninguno de los dos hemos acabado, habían pasado cinco años, y lo estaba contando como si lo estuviese viviendo en aquel momento.

Pero todos esos recuerdos no eran nada comparados con los folios siguientes, había escrito las mismas palabras que me dejó en aquel folio la primera, y última, noche que dormimos juntos, no había variado ni una sola coma, tuve que sacar la carta para estar segura de lo que estaba pensando. Iba avanzando y, por fin, pude comprender el porqué no me cogió el móvil nunca, y el porqué no he tenido más noticias suyas en todo este tiempo. Había estado de viaje, un viaje para olvidarme, incluso había intentado amar a otra chica, y no lo consiguió, no como yo, que sí he podido olvidarlo, o eso creía hasta hace un par de días.

Acabé de leer su carta, habían pasado cinco años, y me seguía amando, jamás he podido entender su mente, ¿por qué actuó así?, ¿por qué se marchó?, ¿por qué sigue actuando ahora así?, ¿por qué no ha venido a verme y decirme todo eso a la cara? ¿Por qué…?

Esos pensamientos recorrían mi mente, y algunas lágrimas empezaban a recorrer mi cara, finalmente no pude evitarlo, y empecé a llorar. Había pasado mucho tiempo, y había entrado en mi vida fortuitamente, ¿por qué tenía que ser yo la que llorara en aquel momento? Si ya había conseguido olvidarlo… En ese instante, lo comprendí todo; lo había olvidado tanto como él a mí, nada, no lo había olvidado seguía amándolo. Necesitaba hablar con él, necesitaba decirle todo lo que sentía por él, pedirle perdón.

Miradas Cómplices

03 abril 2008

15 Vencidos

Miró el reloj, eran las seis y veinte; la conferencia empezaba a las seis. Y, a pesar de que la universidad, de estar sólo a diez minutos de su casa, decidió salir en aquel momento. Estaba nervioso, tenía miedo, pero no era un miedo escénico, pues, la conferencia no la daba él. Pero, estaba seguro que la vería a ella; ella era la que organizaba aquella conferencia. Ella, su amor platónico, desde la primera vez que la vió, y habló con ella por casualidad, en los pasillos de aquella facultad. Aquella vez imaginó, que sería diez años, o quizás doce, mayor que él.

Cuando llegó no había demasiada gente, así pudo sentarse cerca de la tarima, sería un buen momento para dejar a un lado la vergüenza, y quizás, volver a hablarle tras tanto tiempo. Claro, eso siempre que se acordase de él; algo, quizás, difícil pues pasó demasiado tiempo. Inmerso en aquellos pensamientos, no pudo notar que la sala se había llenado de gente. Y, ella, habia pasado por su lado, sin que ninguno de los dos se percatara de la existencia del otro.

El balbuceo de la gente llegó a ser tan insoportable que le impidió seguir pensando, miró el reloj, y eran las seis y diez; "Ya debería haber empezado, se están retrasando", pensó. Y acto seguido, como si le hubieran leído el pensamiento, comenzó la conferencia. Y, allí estaba ella, en la tarima. Presentando la conferencia, anunciando al resto de conferencias, pero él, no pudo enterarse, no le importaba, él sólo quería verla a ella.

Si cabía, ella estaba más bella de lo que recordaba, aquel pantalón vaquero negro, y aquella camiseta, con ese escote, grande, pero no tanto como para verle los pechos. Provocativo, y a la vez casto... Ese escote que le dibujaba aquellos maravillosos senos, ni grandes, ni pequeños... Aquellos pechos que le habían quitado tantas noches de sueño... Encima de aquellos pechos, sus ojos, cual luceros, esos ojos con los que soñaba cruzar una mirada, y devolverle la sonrisa a su boca, mientras sus ojos, sus ojos castaños, unos preciosos ojos.

Pero, aquellos ojos no cruzaron miradas, él creyó que ella lo esquivaba, pero, era difícil saber eso, pues había demasiada gente como para fijarse en alguien, estaba demasiado nerviosa para pensar en cualquier cosa. Al final, tras el intenso trabajo de ella, todo salió, bien... pero, ¿Realmente salió todo bien? ¿O sólo fue la onferencia? Pues... aquel chico al acabar la conferencia se fue de allí, triste, muy triste, porque, habían estado a escasos metros, él la había mirado a los ojos, había intentado sonreirle, pero ella, no se había inmutado...

Aquel chico perdió la ilusión del amor, y todo, por una mirada cómplice, que nunca se dió...

One-Way Ticket

05 marzo 2008

6 Vencidos

Cogí el autobús con la misma ilusión de todos los días, con la ilusión de verte a tí en él. Pero antes de llegar, en mi mente se dibujaban miles de ideas, de sueños, y conversaciones ficcticas que sabía que no tendrían cabida en la realidad. Pues, si te viera aparecer, a duras penas, podría decirte un "Hola", casi por compromiso.

Sabía, que no te diría todo aquello que pasaba por mi mente, que no te diría que te había echado de menos, que quería estar siempre a tu lado. Pedirte la dirección, el móvil, el mail, cualquier cosa, para que cuando nos despidiéramos en el autobús, no perder el contacto. Ese contacto que tanto nos cuesta mantener.

Pero, aquellas conversaciones, sólo tenían cabida en mi imaginación, en mi fantasia, porque no tenía el valor suficiente para hablarte, para expresar todo lo que sentía por ti; las otras veces que estuve a tu lado, el miedo me paralizaba, y sólo me quedaba asentir con la cabeza, y decir algunos monosílabos, mientras me quedaba perplejo con tu belleza.

Al llegar a la parada, me senté, y esperé, esperé... esperé con la misma ilusión de siempre, la ilusión de verte aparecer, aún a sabiendas de que no lo harías. Por más que esperé allí, no apareciste, llegó el autobús, dejé pasar a todo el mundo, por si te veía a lo lejos llegar, poder decirle al conductor que se esperase... mas no apareciste, cabizbajo, subí, y tomé el mismo lugar de siempre, al fondo a la derecha.

El mismo lugar, donde la última vez estuvimos juntos... mientras, tanto, el bus empezaba a andar, y la parada seguía vacía...



Adelanto (V)

27 febrero 2008

4 Vencidos

Muchas gracias por todos los días de este curso que has compartido conmigo. Sobre todo estas últimas semanas, y aún más los dos últimos días, en los que por primera vez en mi vida me he sentido amado, o eso he creído. Pero he descubierto que la vida es como una obra de teatro; nosotros somos los actores. Pasamos muchas horas en el escenario expuestos, expuestos a que el público se enamore de los actores.

Y esos espectadores enamorados acaban perdiendo el hilo de la realidad, hasta tal punto que acabamos creyéndonos la obra, creyéndonos los papeles que nos tocó interpretar. En un principio, era un mero espectador, luego comprendí que podía ser actor, y estar a tu lado… Lástima que ya no esté de acuerdo con el papel que me tocó interpretar, y tampoco me apetece volver a ser un mero espectador…

Sí; os he descubierto a ti y a ese chico al que ‘ya no amabas’. Sé que esta mañana mientras yo dormía pensando en ti, en nuestra noche, tú estabas disfrutando con él. ¿Sabes? A pesar de todo me voy a portar bien contigo, te daré un consejo para la próxima vez que lleves un chico a tu casa: Guarda el móvil o por lo menos apágalo para que no vean en que te entretienes durante la espera.

Sinceramente, confío en que seáis muy felices, que siempre estéis juntos, y que os caséis… Yo, ya no podré ser feliz nunca, ni a tu lado, ni al lado de otra persona. Me has robado la felicidad, la inocencia, pero sobre todo me has robado la fe en los sueños. Si nunca hubiera soñado con esa compañera que me besaba, es posible que nunca me hubiera enamorado de ti, y tal vez, sólo tal vez, podría haber sido feliz junto a la otra chica.

Ahora me arrepiento con todas las fuerzas que me quedan, me arrepiento de haberte conocido, de haberte ayudado a buscar el libro, de haber estudiado esta carrera, que en el fondo ni me gusta. Pero sobre todo me arrepiento de haberle negado aquel beso a, como tú decías, ‘la otra’. Maldigo el día que te cruzaste en mi vida, maldigo nuestra primera conversación, maldigo todas las lágrimas que derramo por ti.

No me busques, te aseguro que nunca más volveré a caer en tus trampas, jamás volveremos a vernos. Sé que si te digo que te olvidaré, te miento, y tú también lo sabes, pero te aseguro que haré todo lo posible para recordarte amarga como la bilis, para recordar tus besos, como la hiel, para odiarte de tal forma que no me arrepienta de esta decisión.

Para despedirme, sólo me queda decir dos cosas:
-A pesar de tanto dolor que me estás causando en estos momentos, a pesar de esta tristeza, soy feliz porque hemos compartido estos momentos.
-Siempre te estaré en mi rincón; ‘El Rincón de Los Vencidos’; espero que nunca tengas que visitarlo… porqué no quiero verte.

Cartas, amores, y despedidas...

11 febrero 2008

8 Vencidos

Hace ya mucho tiempo, un joven, solía ir algunas semanas con sus amigos a un cibercafé, muchas veces, ellos entablaban conversaciones con "amigas", y intercambiaban teléfonos. Siempre la misma rutina, nunca nada especial, hasta aquel día.

Aquel día cuando se despertó, nada podría presagiar que fuera distinto ese día. Pero, cuando llegaron al ciber, y entraron en el ciberespacio, allí estaban tres amigas esperándolos. Como tantas otras veces entablaron conversación, había algunas cosas en las que coincidían, y otras en las que no. Aquella conversación se alargó más que de costumbre, incluso, llegaron a intercambiar algo más que teléfonos, intercambiaron las direcciones, para cartearse. Algo ya en desuso por aquella época.

Fueron seis o siete años, diez o doce cartas, y muchas, muchísimas hojas en las cartas, poemas, canciones, fotos, pero sobre todo recuerdos, esperanzas, incluso, me atrevería a decir, sin equivocarme, que entre ellos hubo algo más que amistad. Podría decir que hubo amor. Pero, hemos avanzado demasiado, retrocedamos un poco.

Las primeras cartas que se escribieron fueron un poco tímidas, por compromiso, pero poco a poco, esas cartas se convirtieron en algo más serio, se contaban cosas íntimas, momentos, y se dedicaban poemas y canciones. Mientras tanto, entre carta y carta, había mensajes, pocas veces llamadas. Él soñaba con oír su voz a través del teléfono, pero nunca tenía el valor suficiente para llamarla. Y, a penas lo hizo un par de veces. Una de las veces que llamó fue en año nuevo del 2005, una de las veces, y por desgracia la última. Después de aquella llamada pasaron muchas cosas.

La relación, que entre ellos se había enfriado un poco, en esos momentos recobró la intensidad de otros tiempos, una intensidad que le sirvió al chico, casi sin quererlo, para poder, comenzar una relación más íntima con otra joven, una joven más cercana, a la que llegó a amar. Pero, incluso, antes de ese enfriamiento, y recalentamiento, aquella relación tuvo un enfriamiento mucho mayor. El chico, sin razón aparente, y en realidad, sin ninguna razón. Comenzó a distanciarse por un tiempo, la chica lo buscaba, lo llamaba, insistía, pero él, no le hacía caso.

Y lo peor de aquel tiempo, es que hacía todo eso sin razón, y se sentía mal. Pero en el fondo, sabía que no podía cambiar de decisión. Hasta que un día, sin volver a saber porqué lo hizo, y intentó volver como si nunca hubiera pasado nada. Y ella lo aceptó, lo acepó como si no hubiera pasado nada... Ella era así, amable, comprensiva, cariñosa, y encima bella... ¿Qué más podía pedir? Conocerla en persona...

Conocerla... algo que nunca tuvo la oportunidad de conseguir... algo que por el paso del tiempo, y la distancia, no consiguieron ninguno. Pasaron los años, y la relación se enfriaba, aunque de vez en cuando daba aún signos de vida, en forma de recuerdos... Porque, no habrá nada que los pueda separar, nunca se dijeron el Adiós definitivo, ni lo harán, siempre estarán unidos de esa manera, esa manera tan especial...



Ha pasado mucho tiempo, pero, él todavía no puede olvidar a su Muñekita Linda...

Adelanto (IV): Llegada al Pueblo

09 enero 2008

18 Vencidos

Bueno, aquí os subo en primicia para los lectores del blog, casi la primera página por completo de lo que será "El Rincón de Los Vencidos". Sólo lo he leído yo, y ahora, vosotr@s. Si alguien quiere volver a leer, o leer por primera vez, una "edición anterior" que me lo diga y se la paso como siempre. Esta que será la definitiva, la que le pasaré a Purificación, aún no está lista... Sin más demora:

Por fin había llegado al pueblo, estaba muy cambiado desde la última vez, se notaba que había pasado bastante tiempo, quizás demasiado. No tenía a dónde ir, no sabía qué hacer, así que decidí volver a lo que tiempo atrás fue mi “último hogar”, había un joven, de unos 19 o 20 años, que su cara me resultó familiar y decidí preguntarle cómo llegas hasta el Parque del Amor, en el fondo tenía la duda de que conociera el parque, podía haber cambiado de nombre, pero por suerte no.

Gracias a la ayuda del chico, pude llegar, pero a diferencia de mi última visita, esta vez no había ningún banco libre, recorrí de una forma rápida el lugar, y me senté al lado de un anciano, para mi sorpresa, poco hablador; pero su cara tenía un rostro familiar, pero no tan familiar como para reconocerlo, era una extraña sensación, difícil de explicar. Al sentarme a su lado, por un segundo me vi reflejado en él, pensé que ese sería mi futuro. Solitario en un banco, con un gran abrigo rodeando mi cuerpo, y la mirada perdida en el suelo.

En un impulsó grité al viento, ¡NO!, el hombre, por primera vez alzó sus ojos, me miró, sus ojos eran casi negros, y hundidos en las cuencas, tan clavados, que a duras penas, creo que, podría ver bien. Yo sentí un poco de miedo, un escalofrío recorrió mi espalda, y me dejo allí plantado, inmóvil, sin poder articular palabra, o gesto alguno. Mientras tanto el anciano me dijo algo sorprendente.

-Déjalo chico, eso no tiene solución. Hagas lo que hagas no podrás salir de ese dolor, hay momentos en la vida que nos marcan de forma especial, unos para bien, y otros, por desgracia, para mal. En esos momentos es cuando debes actuar de una forma racional, pero por desgracia nunca es así. Aquí donde me ves, he viajado mucho, en mi juventud, fui un apuesto joven pero dejé pasar una oportunidad, y nunca más volvió.

Antes de que poder preguntarle por qué me contaba aquello, porqué me sentía tan reflejado en su historia, antes de poder reaccionar ya se había ido; y aunque alcé mi vista para recorrer el parque con la mirada, no pude verlo a los alrededores. Fui a tomar un café a un bar cercano, y después volví al parque, necesitaba tiempo para pensar, en el bar había recordado demasiadas cosas, cosas que cuando pisé el pueblo creía olvidadas. No era tan fuerte como creía. Se hacía tarde, anochecía, y no tenía ganas de volver a pasar otra noche allí, por eso, ya que había regresado hasta aquí, decidí irme a casa, como no sabía el camino tuve que preguntar por las calles.

Poco antes de llegar, oí una voz conocida, me giré y sinceramente no pude reconocerlo, era un hombre de aparentemente unos 25, o quizás, 26 años. Tenía una fina barba de tres días, era delgado, y andaba con un poco de desinterés por la vida. Los ojos marrones y muy profundos, casi desaparecidos en sus cuencas. El pelo oscuro, y con algunas entradas, ya visibles.

Adelanto (III)

09 diciembre 2007

5 Vencidos

Bueno, como este puente, no he tenido tiempo de preparar una entrada por motivos personales y académicos, os subo otro pequeño adelanto de la novela, esta vez, al igual que el primer adelanto, una escena de sexo.
A l@s que seguís la novela, gracias, y a ver si pronto os mando la última versión que he acabado hoy, os digo que la segunda parte (a partir de dónde se dicen los nombres de los protagonistas) la he preparado en este puente con un poco de prisa, pero quería acabar el puente al menos con la idea plasmada, por eso no está muy pulida esa parte, pero en la siguiente edición (la VI) estará al completo, creo que esa será la última edición antes de publicar mi novela... sin más demora, el adelanto:


Nuestros labios se volvieron a fundir en un suave beso, luego otro, y otro cada vez con más pasión, una pasión arrebatadora de todos nuestros instintos, una pasión que nunca antes había conocido. Y así… sin saber cómo, en lo que me quiso parecer un instante, pero en realidad fue mucho tiempo de besos, caricias, nos encontrábamos sobre tu cama, aún con ropa, pero mis manos recorrían tu espalda, las tuyas mi cara, y de una forma casi imperceptible acercabas tus labios hacia mi cuerpo. Esos labios, que tanta pasión me estaban demostrando, y provocando en mí.

Mis manos seguían recorriendo tu espalda, tu cintura, tus piernas… las tuyas recorrían mis brazos, mi pecho, jugueteabas con los pelos de mi pecho mientras me besabas. Separaste nuestros labios, y empezaste a desabrocharme con pasión los botones de mi camisa, yo al ver aquello, te quité el top que ocultaba tus pechos, allí aparecieron ante mí, detrás de aquel sostén negro, con transparencias, que parecía colocado especialmente para la ocasión. Tú al ver mi cara sonreír, con un juego de manos, tiraste el sostén, y pude contemplar tus pechos en todo su esplendor, mientras que me sonreías…

Volviste a acercarte a mí, esta vez, con el pecho desnudo, el calor de tu pecho en mi cuerpo fue una sensación, que nunca he sido capaz de describir, si te dijera que fue mágico, mentiría, fue mucho más. Más de lo que nunca había soñado. Entre tanta pasión, mis manos, ya estaban buscando por debajo del pantalón otros tesoros, antes ocultos, tocaba la piel, la piel desnuda y fría, que contrastaba con el calor de tus senos. De nuevo, tomaste tú la iniciativa en desnudarnos, y quitaste los pantalones, yo de la emoción apenas podía desabrochar el botón del tuyo, tuviste que agarrar mis manos, en aquel momento la pasión se transformó en seguridad, y pude desabrocharlos, pude robártelos.

De nuevo unas transparencias, ocultaban tu sexo, un tanga negro, a juego con el sostén que antes, te quitaste. Te mostrabas desnuda ante mí, porque el tanga, no aguantó mucho tiempo, la pasión pedía paso, pedía contemplar el mayor de tus tesoros, y allí estabas apoyada con las rodillas en la cama encima de mí, encima de mi cuerpo desnudo. Y en aquel momento, todo se unió, todo se fusionó amor, pasión, deseo, lujuria…

Estábamos haciendo el amor en tu cama, era mi primera vez una primera vez maravillosa. Tantos sentimientos recorrían mi cuerpo, tanto deseo, una calor por el ejercicio, por el roce de nuestros cuerpos, pero a la par, un escalofrío recorría mi cuerpo. Derramé unas lágrimas de emoción, hacer el amor contigo, era el sueño que había tenido desde la primera vez que te vi, desde que entraste en clase. Me sonreíste, diciendo, sigue así, no pares jamás… durante un instante me quedé mirando tu pelo empapado en sudor, un sudor lleno de deseo, y de fuego, y me sentí que acababa todo, me sonreíste, para decirme que fuimos a la vez.