Dejé vencer mi alma, y por fin viviré en paz... En este Dulce Rincón, con esta Pena Vencida. Adiós La Dulce Pena. Adiós El Rincón de Los Vencidos. Todo tiene un principio, un fin y un motivo por el que existir: Este Rincón ya encontró el suyo, ahora es hora de delegar en La Piel de Una Promesa.
La Piel de Una Promesa

Recordando

17 enero 2008

Un hombre se despertó en un bosque, no recordaba nada, y no había nadie alrededor para que pudiera ayudarlo, empezó a andar y llegó hasta una aldea, pegaba en las puertas y nadie abría. Fue pegando en todas las puertas, pero nadie le abrió, hasta que en la última... escuchó un leve ruido, era la puerta que se había abierto.


Tras ella, un anciano con bastante edad, quizás más de lo que hubiera esperado él. Pero de todas formas se acercó, no tenía otra opción, le contó todo lo que recordaba:
-Buenas noches.
-Buenas, joven, ¿qué hace por aquí? No es normal tener un visitante a estas horas de la noche. –le respondió el anciano.

-Pues… sin saber cómo me desperté en el bosque que está aquí al lado, y como no conocía la zona empecé a andar, no sé por cuánto tiempo. Hasta que comprendí que se me hacía de noche, empecé a aligerar el paso, y vi las luces de esta aldea. He ido pegando puerta por puerta y ningún vecino me ha abierto, sólo usted.
-Señor… es muy tarde, hace frío, y soy anciano, si todo esto es sólo una simple broma que está haciendo para robar, mis pocas pertenencias personales, adelante lléveselas, pero no me haga daño. –Dijo el anciano con una voz temblorosa.
-No, por Dios. Yo no haría eso, al menos ahora no, estoy perdido, no sé quién soy. Por eso, busco un poco de resguardo, un poco de ayuda, sólo por esta noche. –Se buscó en el bolsillo, y tenía algunas monedas–. Le doy estas monedas a cambio de cobijo.

El anciano, decidió dejarlo quedarse allí aquella noche, cuando entró pudo ver que tenía encendida la chimenea, aunque no hacía demasiado frío; le indicó que se sentara a su izquierda, en una pequeña silla, y él en una butaca frente a la chimenea. El anciano, empezó a balancearse tranquilamente, sin decir nada, en ese instante, pudo girar su mirada, y miró el reloj, eran algo más de las once de la noche. Le vino a la mente, el bosque, todo lo que caminó… Pero de repente, la voz de aquel anciano, le preguntó algo que no logró entender.

-¿Eh…? Perdone, pero que ha dicho.
-Nada importante joven, sólo hablaba para mis adentros… Hace bastante tiempo que se murió mi esposa, y desde entonces, he vivido aquí sólo. No tengo hijos, y estoy muy sólo, la gente de esta aldea no es muy sociable, y yo apenas salgo de aquí. ¿Y tú tienes esposa o hijos?
-No lo sé, no sé ni siquiera quién soy, de dónde vengo, y tampoco que voy a hacer mañana cuando me levante. No sé nada de mi vida anterior, como ya le dije me desperté en el bosque, y llegué hasta aquí de casualidad. Si le digo, que intenté caminar hacia el norte, ¿le suena que haya algún poblado al sur?

-Lo siento, joven, pero que yo recuerde, esta aldea está en mitad de una montaña separa por varios días de camino a pie, de cualquier otra aldea, o pueblo. Y al sur, pero muy lejos, quizás a un par de días de camino, o incluso más, hay una pequeña aldea. Hasta aquí es muy difícil llegar por otros medios es muy escabroso, esa es la principal causa de que sólo quedemos unas pocas personas aquí.
-Ya veo, ya… –Dijo el joven un poco desalentado–. Ya es tarde, ¿podría decirme donde dormiré esta noche?

El anciano se incorporó, y le dijo al joven que lo acompañase hasta una pequeña habitación donde tenía una cama, duerme ahí, le dijo, tras eso cerró la puerta el anciano, no sin antes decirle su nombre. Él se calló, no podía saberlo, lo había olvidado todo, y entre ello también estaba su nombre. Esa noche lo logró dormir nada, no paraba de pensar, de dar vueltas en la cama, hacia un lado, hacia otro… Llegó a la conclusión de que muy difícilmente, podría saber algo de su vida pasada, quizás con el tiempo recordase más, pero en aquel momento no. Y pensó que lo mejor sería quizás, bajar a aquella aldea que le había dicho el anciano que estaba a un par de días de camino.

En aquella habitación que olía a humedad, y que parecía que no había sido usada en mucho tiempo, había una pequeña ventana cerrada, pero de tal forma, que podía ver la claridad del exterior, y de esta forma consiguió averiguar que ya había amanecido. Salió del cuarto, no vio a nadie, empezó a andar, legó hasta la chimenea, vio que el anciano estaba sentado en su butaca inerte con la chimenea apagada, y su cuerpo frío. Estaba muerto, se quedó paralizado por un instante.
¿Qué debía hacer? ¿Era la primera vez que veía un muerto?

7 Vencidos:

carlota dijo...

¿es una pregunta la última? nos dejas intrigados y a la espera de la siguiente parte. Un abrazo.

La Dulce Pena dijo...

No lo tenía pensado así, lo tenía pensado como la pregunta que se hace el personaje... pero, ya que lo dices, sí podría ser una pregunta.

¿Tú que piensas, que harías?

Para la siguente parte debéis esperar un poco, no mucho.. jeje

Bss

El Ángel del Dulce Dolor dijo...

Jajaja, empiezas a dejar en vilo... interesante.

La Dulce Pena dijo...

Tuve un buen maestro... ¿no?

PIER BIONNIVELLS dijo...

Dulce.. siempre me dejas asi... esperando el final.. que intriga,, ahora la gente del pueblo pensara que el lo mato!.. te imaginas!. o siemplemente ni se daran cuenta de que el viejo esta muerto!...

cuentanos más anda, no te guardes todo..

Ha una cosa dulce.. revisa otra ves este texto creo que te comiste algunas palabras.. o no?..

abrazos.. buen post...como siempre amigo..

La Dulce Pena dijo...

JAJAJA, pobrecita... es que si no os dejo con la intriga pierde la gracia... ¿no?

No te voy a decir lo que piensa la gente del pueblo, tendrás, que esperarte...

Lo revisaré mañana, pero vaya que no lo descarto... Es que hoy tengo prisa...

Abrazos, y me alegro de que te guste!!

La Dulce Pena dijo...

Pues, PIER, tenías razón faltaban un par de cosas... eso me pasa por cambiar las cosas un día, y dejarlos para revisarlos otro...

Gracias por avisar, ya está arreglado!!

Abrazos