Los libros elegidos fueron los siguientes:
-De J. L. Borges: El Aleph, y Ficciones
-De G. Martínez (desconodico para mí): Los Crímenes de Oxford
Pasó el tiempo, y las cosas en la facultad no me iban del todo bien, y menos en matématicas -apenas había podido lograr 1 punto de 2 en los exámenes parciales, y las derivadas (cosa fundamental) no eran mi fuerte-, así que un día como otro cualquiera decidí mandarle un mail a Mercedes, para que me recomendara algún libro de esos tres, que en un principio creía censurables.
Ella fue clara y concisa, Los Crímenes de Oxford, así que ese día salí de mi casa con más dinero del que solía llevar a Málaga, y me dispuse a compar el citado libro. Llegué a la librería con ciertas dudas de si lo encontaría, al final, allí estaba, en edición de bolsilo -mejor más económico, pensé (hoy me hubiera gustado preguntar por la edición normal, puede que algún día lo haga)-. Así que cogí el libro, y volví hacia la universidad, la portada no era del todo llamativa, el título con letras mayúsculas de color naranja, y debajo, "El asesinato como acertijo", y como imagen de fondo, dos hombres hablando. Por detrás, un resumen algo más llamativo.
Recuerdo, que el libro me lo leí en aquella navidad, bastante deprisa, pero algunas veces tenía que hacer esfuerzos sobrehumanos por dejar de leer, y centrarme un poco en los estudios. Cuando acabé de leerlo, cerré el libro cuidadosamente, y me puse a pensar, a reflexionar sobre el mismo. Luego, días más tarde, hice una segunda lectura más rapida, y viva, para resumirla y hacer el trabajo para Matemáticas, y que me subieran el punto, pero eso ya no me importaba, el libro me había fascinado, me había trasformado.
Recuerdo especialmente aquella frase: "Es difícil saber hasta donde llegaría uno por su hijo" o con esta otra: “Hice algo terrible”, “Por favor, por favor, necesito que me ayudes, papá”. Y sobre todo, aquel, "papá".
Este año, en Octubre, estaba un día en la hemorteca, leyendo los períodicos, y hubo un artículo que me llamó la atención, era sobre Guillermo Martínez, había sacado otro libro al mercado "La Muerte Lenta de Luciana B" -del que ya os he hablado otras veces-. Corriendo el día siguiente bajé hasta el centro, necesitaba comprármelo, y esta vez no la edición de bolsillo, sino la normal. Esta vez, al igual que con el libro anterior, tenía que hacer esfuerzos sobrehumanos para dejar de leer.
Guillermo Martínez dijo algo así como, "Mi objetivo es que el libro se lea de una sentada", pero yo no era capaz, una parte de mí quería llegar al final, pero otra, no, otra quería mantenerse inmerso en ese mundo, esa cúpula apartada del mundo exterior... pero al final pudo más la primera parte que me arrastraba a leer, y me lo acabé, pero no de una sentada, aunque no me hubiera importado...
Cuando me acabé el libro actué como con el anterior, como con Los Crímenes de Oxford, lo cerré y lo deposité -en la misma mesa que la primera vez- cuidadosamente. Y reflexioné, todo volvía a resolverse en el último capítulo, y el epílogo para cerrar pequeñas brechas, aún abiertas, pero cerrarlas con ambigüedad, sin cerrar las hipótesis que cada uno se había hecho con él libro, y los personajes...
Y ahora, después de recordar todo esto, me pregunto en la soledad de mi habitación, podré conseguir algún día una novela que haga sentir, al menos a mí, una millonésima parte de lo que siento cuando leo a G. Martínez...espero que sí... espero que sí.


