Dejé vencer mi alma, y por fin viviré en paz... En este Dulce Rincón, con esta Pena Vencida. Adiós La Dulce Pena. Adiós El Rincón de Los Vencidos. Todo tiene un principio, un fin y un motivo por el que existir: Este Rincón ya encontró el suyo, ahora es hora de delegar en La Piel de Una Promesa.
La Piel de Una Promesa

Sólo Una Vez Más

08 julio 2008

Aquella noche todo cambió entre los dos, ¿o quizás sería entre los cuatro? Su relación nunca estuvo bien vista por los padres de ella, y mucho menos desde aquel accidente que casi acaba con su hija, o, para él, acabó. Poco recuerda que aquel día, tan sólo una discusión, una de tantas, que no tendría nada de especial de no ser porque la última entre los dos.

Meses atrás, su relación era envidiable, sentían un amor que, parecía nunca acabaría, eran envidiados por sus amigos, los vecinos del pueblo, en realidad por todos menos por los padres de ella, que nunca lo vieron como un buen yerno, nunca quisieron pensar que el amor que él sentía por su hija fuese real, hasta tal punto que malmetieron, engañaron, y mintieron a su propia hija, diciéndole que su novio había sido visto besándose con otra, que le habían visto tomar drogas, y cosas aún mucho peores, entre ellas la prostitución.

Al principio ella parecía inmóvil ante aquellas falacias, pero, cada vez eran más continuadas, hasta que llegó ese día en que no pudo más, y empezó a hablar con él sobre la veracidad o falsedad de todo aquello. Desde ese día, cada vez que estaban juntos eran para pelearse, peleas infundadas, luego, peleas por simples celos de las dos partes, peleas sin sentido, y sólo para borrar todas aquellas señas de amor.

Un amor que acabó aquella noche, en aquella carretera. Él no había bebido, a pesar de que los padres de ella le acusaban de alcohólico, él a duras penas soportaba el alcohol, y sólo bebía cuando se sentía obligado por sus amigos, pero, esta vez no era una de ellas. Conducía el coche todo lo bien que sabía, todo lo bien que pudo, sus años de experiencia hacían impensable que tuviera un accidente por aquella carretera, tan recta, sin otros vehículos, bien iluminada, y sobre todo, conocida.

Todo parecía que jugaba a su favor; salvo un simple hecho. Ella estaba en el asiento del copiloto, no estaba sólo. Tenía a alguien que podía ayudarlo, pero, en este caso, distraerlo, con sus peleas, con las mismas declaraciones de siempre. Él había pensado en cortar con ella de una vez por todas, y esta vez, esa noche sería la definitiva, se lo diría. Pero, la discusión que llevaban, no sabía por qué motivo, se caldeaba por segundos, ella empezó a elevar el tono de voz. Él también.

Por ello, giró la cabeza, alzó la voz, le pidió silencio, y ella sólo gritó: Nos matamos… mira la carretera. Cuando reaccionó fue demasiado tarde, intentó pisar el freno pero sus piernas no reaccionaron, estaba paralizado por el miedo. El coche iba dónde él quería, ella intentó coger el freno de mano, pararlo de algún modo, pero, no pudo, no le dio tiempo, el coche volcó en aquella curva, la curva inmediata a la casa de ella, al lugar elegido para la confesión…

No sabría decir cuánto tiempo pasó hasta que llegaron los primeros auxilios, él había estado inconsciente, y ella, aún seguía dentro del coche. Cuando él fue rescatado, sólo gritaba su nombre, Lucía. Lucía resiste, te amo… Perdóname, no te mueras. Lucía. Te necesito a mi lado. Pero, todo era inútil, ella estaba dentro del coche, y los bomberos trabajaban contrarreloj para, con mucha suerte, conseguir sacarla con vida. Pero, sospechaban que todo era imposible.

Pasaron varios días, hasta que él consiguió salir de aquel hospital, no hubo ni un solo momento en que no preguntara por ella, por su luz, Lucía. Pero, no conseguía ninguna respuesta, nadie sabía nada de ella, él sospecho que estaba muerta, sospecha que se confirmó cuando, una tarde, la primera tarde que salió de aquel hospital, cogió el coche y fue a su casa, le preguntó a los padres de ella. Él, por desgracia, o por fortuna, desconocía el odio que estos tenían hacia él, por eso, al verlo allí, vivo, sin rasguños aparentes, al padre sólo se le ocurrió decirle que su hija había muerto, él la había matado.

Él, no musitó palabra, y como vino se fue. En el coche, sin despedirse, sin ninguna mueca de dolor, ella había muerto por su culpa. Y él, estaba vivo este mundo no era justo, él merecía morir y ella vivir, ¿por qué no fue así? De nuevo en aquella curva, paró el coche, y se asomó al lugar del accidente, estaba confuso, quizás, si él también moría, habría paz en su corazón; pero, ¿qué sería del resto de su familia? Daba igual, no importaba, sólo quería amarla una vez más, sólo una vez más. ¿Tan difícil era de entender?

Iba a hacerlo, iba a subirse al coche, tirarse por aquella curva, morir dónde ella. Era duro, pero, poco importaba la vida si ella no estaría a su lado. Se subió en el coche, introdujo la llave, la giró con sumo cuidado, pisó el embrague metió primera, levantaba el embrague a la par que el acelerador, el coche empezaba a moverse, metió segunda, tomaba velocidad, tenía escasos segundos para cambiar a tercera, y menos aún para coger la suficiente velocidad para morir allí.

Pero, una voz, rompe todos sus esquemas. Unas palabras de Lucía, a lo lejos se escuchan, como un leve recuerdo, como una reminiscencia de otros tiempos. Víctor, no mueras. Víctor, te necesito a mi lado. Frena el coche, estoy aquí a tu lado. Al escuchar aquello, frenó el coche en seco, pero, no lo suficientemente rápido como para evitar el impacto contra el guarda raíl, un guarda raíl que no existió la primera vez de su accidente. ¿Por qué había parado el coche, si Lucía estaba muerta, qué importaba todo? ¿Cómo había escuchado su voz? ¿En realidad era un simple recuerdo? No, no podía ser, sonaba tan real, tan desgarradora, tan única…

Quizás, no debería morir, debía permanecer vivo por ella, pero, en aquellos momentos la vida lejos de Lucía carecía de sentido. Un golpe, luego otro, y cada vez más, sonaban en su ventana, una voz, la voz de Lucía volvía a sonar en su cabeza. Gracias, gracias a Dios has podido parar el coche. Víctor, te amo. Esta vez la voz estaba más cerca, los golpes en la ventana más intensos, y cuando por fin se dignó a girar la cabeza, allí estaba ella. Aún con claros signos del accidente, el brazo roto, la cara con varios cardenales, y ella vestida con un pijama, el pijama de estar por casa.

Empezó a llorar, si estaba allí significaba que no estaba muerta, se había salvado, y lo amaba…

6 Vencidos:

EnLaOscuridadDeLaNoche dijo...

Es triste como algo que parece fuerte y eterno se pueda minar de esa forma...
Pero bueno, a veces, como en tu historia, hay segundas oportunidades ¿no? :-)
Un besazo.

Carlota dijo...

O sea que él al final está muerto y por eso la ve? volveré a ver la respuesta, me he quedado super intrigada ;). Un beso!

paula andrea martinez dijo...

ohhh... cuanta tristeza, ahora me quedo con la duda si esa voz era porque el habí muerto o porque en realidad ella estaba viva...
un beso!!!

La Dulce Pena dijo...

Nada es eterno... ya lo dijo Saurom. Pero, hay que tener confianza, y esperar, en que esa segunda oportunidad se dará... (o pude que a veces una primera)

Carlota, no era esa mi idea, pero, tú la puedes ver cómo quieras. Mi idea era que los padres de ella le mintieron diciéndole que estaba muerta; pero ella se enteró y fue a salvarlo.
(Al principio relio un poco... lo sé)

Paula, igual que le he dicho a Carlota, ambos estaban vivos...

Bss a las tres.

Carlota dijo...

qué bichos los padres... manía de meterse en las vidas de los hijos... bueno, pues mejor este final, claro :). Espero que sean felices. Un beso!

La Dulce Pena dijo...

Sí, la verdad que sí, algunos padres parecen que sólo viven para controlar a sus hijos...

Me alegro de que te haya gustado... Yo también lo espero. Besos guapa