Dejé vencer mi alma, y por fin viviré en paz... En este Dulce Rincón, con esta Pena Vencida. Adiós La Dulce Pena. Adiós El Rincón de Los Vencidos. Todo tiene un principio, un fin y un motivo por el que existir: Este Rincón ya encontró el suyo, ahora es hora de delegar en La Piel de Una Promesa.
La Piel de Una Promesa

Koan: Empuja la Vaquita

09 noviembre 2007

Había una vez un Maestro que paseaba por el campo con su discípulo, cuando se encontraron con una humilde casa que estaba habitada por una humilde familia. Todos iban pobremente vestidos, con ropa sucio y rota. Sus pies estaban descalzos y el entorno se notaba de una gran pobreza.

El Maestro le preguntó al padre de familia cómo hacían para sobrevivir, ya que en aquel paraje no existían industrias ni comercio, ni se veía riqueza por ninguna parte. Con calma, el padre de familia le contestó: "Mire usted, nosotros tenemos una vaquita que nos proporciona varios litros de leche cada día. Una parte la vendemos y con el dinero compramos otras cosas, y la otra parte la usamos para consumo propio. De esta forma sobrevivimos".

El Maestro agradecido, se despidió y se fue. Al alejarse le dijo a su discípulo: "busca la vaquita, llévala al precipicio y empújala al barranco". El joven quedó espantado, ya que la vaquita era el único medio de subsistencia de aquella humilde familia. Pero pensó que su Maestro tendría sus razones y, con gran pesar, llevó a la vaquita al precipicio y la empujó. Aquella escena se quedó grabada en su mente durante muchos años.

Al cabo del tiempo, el discípulo, culpabilizado por lo que había hecho, decidió dejar al Maestro, volver a aquel lugar y disculparse con aquella familia a la que había hecho tanto daño. Al acercarse hacia aquel paraje vio que ahora había árboles, una preciosa casa y muchos niños jugando en un maravilloso jardín. El joven se sintió triste y desesperado al imaginar que aquella humilde familia hubiera tenido que venderlo todo para sobrevivir.

Preguntó por la familia que vivía antes en aquel lugar y le contestaron que seguían allí, que no se habían marchado. Entró corriendo en la casa y se dio cuenta de que la habitaba la misma familia que antes. Entonces, le preguntó al padre de familia qué había pasado y éste, con una amplia sonrisa, le contestó: "Teníamos una vaquita que nos proporcionaba leche y con la que sobrevivíamos. Pero un afortunado día la vaquita se cayó por un precipicio y murió. En ese momento nos vimos obligados a hacer otras cosas, a desarrollar otras habilidades que nunca habíamos imaginado poseer. De esta forma comenzamos a prosperar y nuestra vida cambió.

PD: Texto original

5 Vencidos:

El Ángel del Dulce Dolor dijo...

Joder con el Maestro. ¿No podía explicarle nada a su discípulo antes? Tiene narices que sólo se dé cuenta por culpa de sus remordimientos.

La Dulce Pena dijo...

JAJAJA, no pienses así, piensa que si lo he hubiera hecho caso a su maestro, si no hubiera tirado la vaca aquella familia, no hubiera prosperado. Es decir, aunque ahora estemos bien, siempre podremos mejorar...

EnLaOscuridadDeLaNoche dijo...

Los obtáculos nos hacen fuertes...
Me ha gustado.
Besos.

El Ángel del Dulce Dolor dijo...

No digo que no hiciera caso a su Maestro, sólo que éste podía haberle explicado por qué debía hacer éso. Una vez que lo hubo hecho, piensa qué habría pasado si no se hubiera atrevido a dejar a su maestro: habría vivido siempre con ese resquemor en su conciencia.

PIER BIONNIVELLS dijo...

JO! Pobrecito ese chico.. mira que el masestro no pudo explicarle el motivo de porque le envio a tirar a esa pobre vaca..
Y lo que se habra pasado por la cabeza a ese pobre muchacho.. jajaja..

muy bueno...

abrazos..